 
Se discute por estas horas el tema de las muchas personas que viajaron al acto de Salta gracias a que les pagaron el pasaje, la estadía, y, en algunos casos, 200 pesos.
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Acaba de decir Lilita Carrió por TV que este tipo de procedimiento, financiado supuestamente desde sectores del Estado representa una humillación para los grupos que son “manipulados” desde la vulnerabilidad que representa su pobreza.
“Viajan por el sándwich y la coca. En el mejor de los casos por doscientos mangos. ¡Qué barbaridad!”
Muchos de los que plantean esto, lo hacen desde una gran simpatía con el acto de Rosario, “El acto del Campo”. La gente que se movilizó y reunió en torno al Monumento a la Bandera, parece que lo hizo desde la nobleza, la filantropía y el más solidario interés por el pueblo. Por qué entonces el punto central de su reclamo es la baja en las retenciones, lo que, en pocas palabras, es un tema estrictamente vinculado al dinero. No estamos hablando de gente en riesgo de quiebra ni de gente que no tiene para comer, estamos hablando de gente que quiere mayor rentabilidad, más dinero. Me pregunto entonces ¿No viajó también toda esta gente por dinero? Claro, no por el dinero del pasaje ni por el almuerzo, lo hizo por los 1.300 millones de dólares que han dejado de ganar.
¿Quién es más miserable? ¿El que viaja por 200 pesos que no tiene? ¿o el que viaja parando en caros hoteles y comiendo en cómodos restaurantes negándose a que los superprecios del mercado mundial sean compartidos con el resto de la sociedad?
Personalmente me hubiera gustado mucho estar en Salta acompañando a la Presidenta para festejar junto al pueblo los grandes e inocultables avances que el sacrificio de todos los argentinos (incluyo a la gente del campo, por supuesto) con la consucción de Duhalde, Kirchner y ahora Cristina, le permiten mostrar hoy a la Argentina.
Si no lo hice fue por no tener dinero. Si alguien me hubiera invitado, obviamente hubiera aceptado. Creo que el poder asistir y apoyar a un gobierno que está haciendo exactamente lo que prometió hacer en campaña es casi, casi un derecho de todo ciudadano. Sucede que cuando esta posibilidad no es extensiva, puede suceder lo que sucedió hoy, aquellos que pueden viajar tranquilamente (viajan con su mujer y sus chicos, pueden parar en hotel y comer afuera, no hay problema si faltan a su trabajo el lunes, etc, etc.) parecen ser mucho más numerosos por el hecho de que quienes no compartimos su interés sectorial, lo hacemos precisamente porque queremos mayor equidad y que, algún día, podamos ir a esos actos sin necesidad de asistencia alguna. De la misma manera, nos gustaría no necesitar asistencia en el tema de la alimentación, la salud o la educación, pero mientras ellos se salgan con la suya, parece que no será posible y podrán seguir considerándonos “ganado” de algunos dirigentes. Los ideales, las nobles convicciones y el desinterés es patrimonio de ellos.
Tal vez, si se volviera a repetir esto de los dos actos, pasajes y estadías deberían ser gratis en ambos eventos. Así, verdaderamente se podría tener una lectura clara del apoyo real con que cuentan unos y otros.
Este mecanismo de gratuidad es el que se vive en ciertos domingos cada dos años.
Hace siete meses pudimos ver qué sucedía cuando la plata no cuenta.
Postdata local: En las últimas elecciones locales, el candidato a intendente, Gastón Guarracino, fletó un micro (tal vez fueron más, pero yo sé de uno) desde la cuidad de La Plata para que los estudiantes necochenses pudieran venir a votar ese domingo. Muchos hablaron pestes de este hecho. Yo sé de una estudiante que vino en ese micro, agradeció la gentileza y, el domingo, votó a Molina. Imagino que, naturalmente, Guarracino habrá esperado que aquellos pasajeros lo votaran a él. Esto, no le quita el mérito de haber permitido que unos cuantos chicos tuvieran la posibilidad de votar (por Molina o por él). Claro, pensarán Ustedes, con plata del pueblo cualquiera hace beneficencia. No es cierto: allí están los funcionarios y el propio intendente cobrando sueldo obscenos pero no pueden contratar un micro para llevar los chicos a la escuela de Costa Bonita.
María Magdala
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