@diarionecochea
Publicado:
10 de abril de 2018

A bordo de un catamarán por el Canal de Beagle



 

El viento del este, que golpea con fuerza en esa herida en la tierra que representa el Canal de Beagle, no es impedimento para que más de 100 mil turistas se aventuren durante todo el año a recorrer sus revueltas aguas en un recorrido en catamarán, que parte del puerto de Ushuaia para llegar casi al extremo, donde se encuentra el Cabo de Hornos.

Con el imponente paisaje del fin del mundo y la presencia de pingüinos magallánicos y bantú, más la aparición de ballenas jorobadas y cormoranes imperiales, que suele acompañar el paso del catamarán, los turistas, de los que uno de cada cuatro es extranjero, disfrutan de una travesía que tiene una duración de 3 a 4 horas pero que se pueden extenderse según el recorrido elegido.

El presidente del Puerto de Ushuaia, Néstor Lagraña, precisó que las nueve naves que operan -con capacidad para 300 pasajeros cada una- pueden llegar a realizar dos viajes por día, y que en temporada de verano "trasladan hasta 5.400 viajeros al día".

"En temporada baja -agregó- vinieron 4.965 chicos de las escuelas de la ciudad y la provincia de Tierra del Fuego, y en todo el año llevamos a Puerto Williams, Chile, 1.157 personas", en otro de los recorridos que se realizan.

No es fácil ver a toda esa fauna austral junta en un viaje hacia las Islas de los Pájaros, la de los Lobos y al Faro Les Éclaireurs, pero nada se puede descartar en ese paisaje que se muestra sereno en el puerto de Ushuaia pero que en minutos, frente al faro, puede convertir al viento en un violento aerosol que arroja agua salada a la cara de los visitantes.

A lo lejos, la ciudad de Ushuaia se trepa a la montaña como para llegar hasta el Martial, el glaciar colgante que se puede ver entre los edificios de la comuna, "al que se puede llegar en una caminata de más de dos horas, cuesta arriba", explicó la guía de turismo del Instituto Fueguino de Turismo, Painé Mauricio.

El recorrido, que tiene un costo de 1.200 pesos por persona, arranca tranquilo y ofrece el espectáculo de los lobos marinos apenas se inicia el recorrido, pero en minutos la geografía se vuelve inhóspita y el viento levanta el agua del mar contra los visitantes.

Los petreles de varios tipos, los albatros y las scubas, acompañan la navegación que recupera su paz junto a las montañas de Chile, a resguardo del viento, y así se llega a la pingüinera que tiene dos especies de esas aves marinas viviendo en armonía.

El barco se vara para que los turistas saquen fotos y distingan a unas de otras por el color de sus patas y picos, negros o naranjas, más chicos o más grandes con o sin anillos dobles en el pecho.

Después de dos horas de navegación, en el regreso ocurre lo inesperado: dos ballenas jorobadas nadan a 100 metros de la embarcación y cada vez que asoman sus lomos, una exclamación de sorpresa parte de los turistas, que no dejan de tomar fotografías mientras se zambulle y muestra la cola completa, lo que genera el momento más emotivo del viaje.

Tras esa experiencia en las aguas del canal, la ciudad ofrece, hacia el norte, por la Ruta 3, el Glaciar Ojo del Albino (distante unos 40 kilómetros), que derrama sus témpanos en un lago que se une a la Laguna Esmeralda.

El trayecto se puede hacer a pie, para los más entrenados, pero para ello hay que disponer de todo un día de ascenso y descenso (10 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta) entre rocas anaranjadas y la vegetación verde o dorada según la temporada en que se la desafíe. El recorrido, de alta dificultad, tiene un costo de 2.100 pesos por persona y requiere equipamiento y vestimenta especial, como botas impermeables para cruzar las turberas, el piso esponjoso de Tierra del Fuego que tiene agua helada abajo, y sólo se puede realizar en verano o primavera.

Otro de los atractivos que se complementan con el paseo en catamarán es una visita al Parque Nacional Tierra del Fuego, que en 2017 recibió un 15 % más de visitantes que en el año anterior, con lo que pasó de 300.000 a 350.000 turistas.

 





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