@diarionecochea
Publicado:
08 de junio de 2018

“Sin biotecnología no hay vacunas, sin biotecnología no hay comida”




 

Fernando Carrari- Investigador del INTA, destacó que las investigaciones que ha realizado la biotecnologia en los sistemas biológicos agropecuarios y forestales han permitido generar conocimiento en temas estratégicos para el país. Los aportes de los investigadores posicionan a organismos como el INTA a la vanguardia del conocimiento de enfermedades emergentes o variantes genéticas de enfermedades pecuarias y de especies vegetales, o limitaciones en producción surgidas de estreses abióticos, ya sea por frío, sequía o salinidad.

“Sin biotecnología no hay vacunas, sin biotecnología no hay comida” dice Fernando Carrari-Especialista en Genómica del INTA Castelar e Investigador del Conicet que actualmente trabaja en la biotecnología vegetal con plantas de tomate. Desde la acepción más amplia del término, la biotecnología “sería tecnologías aplicadas a organismos vivos para algún provecho para el hombre”, explico el especialista a la redacción la revista RIA-Revista de Investigaciones Agropecuarias- editada por el INTA, la cual reune publicaciones científica de carácter multidisciplinario

“Desde que el hombre comenzó a domesticar lo que come, ya sean plantas o animales, hace biotecnología” indicó Carrari, al tiempo que reconoció que “las grandes revoluciones verdes, que llevaron la producción agrícola a multiplicarse por diez o más, se lograron gracias a la biotecnología. Las primeras, antes de los transgénicos, se concentraron en criar y utilizar plantas híbridas. Estas son el producto del cruzamiento de dos individuos distintos”. A partir del cruzamiento se obtiene lo mejor de ellos, incluso algo mejor que la media de los pares”,  explicó el especialista.

Pero la biotecnología puede tener distintos grados de sofisticación. No sólo se utiliza para potenciar la producción de un cultivo, también deriva del estudio del genoma de esas especies, es decir, cada uno de sus genes. Así se logra conocer cuál las puede hacer más resistente a cierta enfermedad, a un herbicida o a estreses, como una sequía. También se estudia cómo lograr que alimentos tan importantes para la dieta diaria, como el tomate, se produzcan con una mayor cantidad de nutrientes.

Carrari es parte de un equipo enfocado en el metabolismo de un tipo de moléculas de tomate que tienen un impacto sobre la salud. “Se sabe que si uno tiene una planta de dónde cortar un tomate, lo deja sobre la mesada, va a tener un gusto. Si en lugar de eso lo guarda en la heladera, tendrá otro gusto porque pierde sabor por el frio”, explicó el investigador al tiempo que agregó que esto se debe a que “por la variación de la temperatura, el epigenoma se modifica de tal manera, que afecta a los genes que producen proteínas involucradas en generar lo que uno percibe cuando saborea un tomate”, señaló.

Tanto el calor como el frío pueden afectar a la planta de tomate durante el crecimiento. Las variaciones de temperatura pueden influir en su carácter nutritivo, así como la “concentración de ciertas moléculas como la vitamina C, A, E, carbohidratos y azúcares”, precisó Ricardo Bianchetti, investigador postdoctoral de la Universidad de Sao Paulo (Brasil) e integrante del equipo.

“En mi doctorado he investigado una proteína que se llama fitocromo”, contó Bianchetti. Su importancia radica en que “percibe la variación de la luz y participa en determinar el metabolismo del fruto”, dijo y agregó: “También, puede percibir la variación de la temperatura”.

Uno de los objetivos que se proponen es descubrir cómo la temperatura influye en el metabolismo. Es decir, si mayor o menor temperatura podría generar más o menos vitaminas. Además, apuntan a “conocer cuáles son los mecanismos moleculares por los cuales eso es posible”.

Por otro lado, la biotecnología también se utiliza en la prevención de las enfermedades que afectan a los alimentos. Actualmente, en el caso de la papa, investigadores del INTA avanzan en el conocimiento de los efectos de los virus de mosaico rugoso y de enrollamiento de la hoja de papa.

“Son dos virus que tienen una alta incidencia en Argentina y en zonas templadas de otras partes del mundo”, indicó Ruth Heinz, directora del Instituto de Investigación Biotecnología (IB) del Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas (CICVyA) del INTA Castelar.

“En el instituto contamos con grupos que trabajan en la resistencia a estos virus que, incluso, están en pruebas de campo en Mendoza, en fase dos de evaluación y próximos a la liberación comercial”, señaló.

Según Heinz, este desarrollo que lleva más de 12 años, busca “lograr resistencia por estrategias de ingeniería genética” y sería el primer evento que “combine en papa la resistencia a dos virus de forma simultánea”. Para lograrlo utilizan partes del Potato Virus Y -mosaico rugoso-, y el Potato Leafroll Virus -virus del enrollamiento de la hoja de la papa-.

Este proyecto, que lleva adelante la investigadora Cecilia Vázquez Rovere, ganó la competencia de proyectos FONREBIO financiado por el Ministerio de Ciencia y Técnica. Este aporte ayudará a completar los ensayos de campo, los de toxicidad, como las evaluaciones del SENASA y la CONABIA.



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