@diarionecochea
Publicado:
09 de junio de 2018

El toque Mactas: lamentos sin muro




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El episodio de la espantada, como suele decirse cuando los toreros se muestran cobardes, al no jugar el partido con Israel en Jerusalén, provoca sonrojo y oscuros aspectos de otro orden. Firmado y contratado, el partido estaba previsto para la impresionante ciudad de tonos dorados en los atardecer y se acordó una visita al Muro de los Lamentos, vestigio del templo erigido por Herodes el Grande, luego de la destrucción y sucesiva reconstrucción de los babilonios y de la loba romana.

Se juzga sagrado para los judíos, como pueblo en términos generales y desde la perspectiva religiosa, si se cree en ella: los ultra ortodoxos suelen murmurar sus rezos mientras se inclinan y se incorporan sin parar, de pie. Está en la misma explanada donde se levanta también la Gran Mezquita. El partido fue abortado, con perdón, y se mencionó la posibilidad de atentados. Los israelíes entienden bastante del tema y la seguridad es asunto vital. También se argumentó que el traslado de la embajada norteamericana desde Tel Aviv por decisión de Trump aumentaba la tensión en el conflicto interminable.

Al mismo tiempo, desde distintos focos de acción contra Israel, surgieron manifestaciones y camisetas de Messi manchadas de sangre. Y paralelamente, está la idea de que ese país, el único democrático en la región, moderno, con un desarrollo científico formidable donde se atienden secretamente jerarcas árabes, con hospitales donde se abren las puertas a mutilados y aterrorizados que llegan desde la guerra Siria, un país enemigo, es, también, un país ejemplar.

En suma, la Selección, por cuenta propia y al margen de la política exterior de nuestro país, se sumó a un boicot “sionista”, palabra con la que se enmascara el antisemitismo y puente de odio.

Sórdido, cuando aparece el gran negocio que funciona como una de las ruedas del mundo, se especuló también con que, si se jugaba, podía enajenarse el gran mercado árabe del fútbol. Podría pensarse que son cosas separadas fútbol y política de relaciones entre países. Pero en los totalitarismos, el deporte, la vida social, la religión, la dirección militar y la religiosa se encierran en un mismo puño. Lo que ocurre, desde luego, en todas las naciones alrededor de Israel, con sus matices y sus diferencias.

Si las razones tuvieron que ver con la posibilidad del miedo -asunto de respeto- se ofreció la alternativa de hacerlo en Haifa, escenario tal vez menos complicado. Pero no. Tampoco. El jugador Higuain tomó la palabra para sostener que se había tomado la decisión “correcta”, quizás como una decisión de tono ideológico. No quedó claro.

De paso, cañazo: los jefazos de la AFA produjeron el desaire de faltar al Vaticano, al Papa, donde se los esperaba.

Entre nosotros, racistas sin disimulo saltaron de alborozo: el enano fascista que en los 80 señaló colérica Oriana Fallaci como parte de cierto modo argentino –lo ha indicado con finura y percepción del tiempo una tuitera frecuente- ya es el enano nazi.

Todo ese pasteleo, esa vulgaridad y falta de claridad que precedió al Mundial dejaron mucho más lamento que Muro. Y habrá más, después del partido que eligió casi con inocencia como cábala Bilardo. Pobre, por estos días, querido Narigón, doctor. Y ahora, no se cumplió la cita.

Apesta.

TN