Opinión
Publicado: 06 de agosto de 2018
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@diarionecochea

Aborto: el sinuoso camino de un proyecto que está a horas de quedar en la historia


El proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo se encamina a ser historia en las próximas horas. Si los votos siguen repartidos como se ha anunciado hasta ahora, y no hay nuevos arrepentidos, habrá sido un hito interrumpido: la intención sin éxito de adjudicar nuevos derechos, a contramano de lo que ocurrió con algunas otras iniciativas clave de los últimos treinta años.

La ley no habrá logrado esta vez superar barreras que todavía existen en nuestra sociedad. La principal, la imposibilidad de aceptar que la utopía de las dos vidas seguirá siendo eso porque así ha venido siendo hasta ahora: una utopía. Nada parece indicar que algo distinto pueda suceder en un futuro visible para torcer ese rumbo.

La suerte de este proyecto no será la misma de otros que en su momento fueron considerados de vanguardia para la época. Por ejemplo, la Ley de Matrimonio Igualitario, votada en 2010. Seis años después, en un bar de Recoleta todavía creían que se podía echar a una pareja de lesbianas que se besaba en público.

La ley de divorcio también logró vencer prejuicios en 1987. Había un importante sector de la población que creía que a partir de la norma un aluvión de parejas buscaría terminar su vínculo formal. Y que la institución familiar tal como la conocíamos hasta entonces tendería a desaparecer.

Pero tal vez la única ley comparable con la del aborto legal, en la que la interrupción de la vida estaba en juego, fue la de muerte digna, sancionada en 2012. En este caso, se autorizó a los médicos a limitar los esfuerzos terapéuticos en los casos de una enfermedad irreversible o estado terminal. Los esfuerzos de la Iglesia por bloquear su aprobación no alcanzaron.

Todas estas leyes tuvieron en común que sumaron un derecho que antes no existía. El objetivo de la ley de interrupción del embarazo fue el mismo, con la salvedad de que la oposición férrea plantea que aquí hay dos derechos en pugna: el derecho a la vida versus el de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

Entrar en ese laberinto fue lo que, en definitiva, hizo que e proyecto parezca a horas de naufragar. Un laberinto al que se ha entrado luego de la media sanción en Diputados. En la Cámara baja se había descubierto la forma de salir por arriba, con el concepto de salud pública como horizonte racional, lo que le dio sustento y consistencia a la discusión.

A muchos les llamó la atención la postura tardía de Mauricio Macri, que fuera de los micrófonos empezó a plantear que el aborto legal es un derecho de la mujer. Fue un giro llamativo, dado que en el comienzo del debate el Presidente se había pronunciado públicamente "a favor de la vida".

Fue así que el concepto principal que supo dar sustento y brillo al proyecto de aborto legal se fue desdibujando. La discusión ingresó en su fase más frívola y pasional, con los bandos verde y celeste tratando de copar la parada. Un poco de porcelana y demasiada camiseta. El combo que el aparato de la Iglesia explotó para dejar la sensación de que puertas afuera del Senado el consenso parece marcar más o menos lo mismo que los votos adentro.

El equipo verde prometió juntar dos millones de personas la noche del inminente 8 de agosto, cuando la media sanción esté en pleno debate en la Cámara alta. Parece tarde ya. Aunque más allá del resultado que se dé el miércoles, tal vez madrugada del jueves, la sociedad habrá dado un gran paso al discutir por primera vez en serio un tema del que tarde o temprano habrá que hacerse cargo. Mientras tanto, seguirán muriendo mujeres en abortos ilegales.

  



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