Claudio Caniggia y Sofía Bonelli. En exclusivo, posan juntos por primera vez

Sofía Bonelli tiene 26 años, la mitad que Claudio Paul Caniggia. No había nacido cuando el «Hijo del Viento» hizo el gol que eliminó a Brasil del Mundial de Italia 90. Pero conoce su leyenda. Meses antes de terminar el secundario se mudó a un departamento que le cedieron sus padres en el Hotel Faena. Más tarde se graduó como técnica en Comunicación Social en la UCES y a través de una pasantía comenzó su carrera como periodista en el grupo Clarín. Cubrió Espectáculos, tuvo un breve paso por Deportes y, finalmente, se especializó en moda. Hizo una experiencia en radio, en FM Latina, y también fue panelista en CN23. En eso estaba cuando conoció al «Pájaro», su prometido.

«HACE SIETE MESES QUE VIVE EN MI CASA»

La entrevista sucede en el Hotel Faena, junto a la pileta. «Lo conocí hace tres años, acá, en el gimnasio. Nos presentó mi personal trainer. En esa época yo estaba de novia con otro jugador de fútbol, de un club de primera. Durante un tiempo nos seguimos cruzando en el edificio, ‘hola’ y ‘chau’, nada más. Después me mandó un mensaje, ni siquiera supe cómo consiguió mi número, yo ya estaba sola: ‘Te quería invitar a tomar algo. Soy CLAUDIO PAUL’ (así, en mayúsculas). Parecía un chico. Yo pensé que era una broma y no respondí. Hasta que un día nos sentamos a tomar algo en el bar del edificio. Hablaba sin parar, evidentemente necesitaba que lo escucharan. Estaba pasando por un momento difícil de su vida, estaba completamente solo. Me contó que no hacía absolutamente nada, que estaba mal. Así nos fuimos uniendo. Y hace siete meses que está viviendo en mi casa».

-¿Cuándo empezaron a salir?

-En febrero.

-¿Hubo una salida o un hecho puntual que marcó el principio del noviazgo?

-No, fue todo muy raro. Como no podíamos salir, al único lugar que íbamos era al VIP de un restaurante de sushi, acá en Puerto Madero. Fue todo lo opuesto a una relación normal: en vez de salir a conocernos era «ok, yo te cocino, nos quedamos en casa». Empezamos a convivir casi antes de salir. Él quería eso, quería quedarse.

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-¿Desde febrero está instalado en tu departamento?

-Sí, tengo una montaña de ropa de los años 90, pantalones y camisas de Versace, por toda mi casa. Igual, pronto nos vamos a mudar. Ya estuve viendo departamentos. Lo nuestro fue tan intenso que siento que hace catorce años que estamos juntos. Elegí un piso altísimo, con vista al río: desde el living podés ver Colonia. Lo único que puede demorar la mudanza son algunas propuestas laborales que tiene Claudio en el exterior. Pero sí, vamos a full, él está muy decidido.

-¿Cómo es Claudio en la convivencia?

-Al principio fue complicado. Imaginate, yo siempre viví sola y él hace diez años que no convive. Ellos (por Claudio y Mariana Nannis) vivían en el mismo lugar pero tenían dos habitaciones separadas, dormía cada uno por su lado y no se miraban, ni se veían. Yo me fui adaptando y enseguida nos entendimos. Claudio necesitaba estar con alguien, compartir sus problemas y sentirse apoyado. Al principio tenía que levantarlo de la cama porque no estaba bien de la espalda, no quería entrenar, estaba muy bajoneado. No le encontraba el rumbo a su carrera, no sabía por dónde ir, y tenía todo ese lío con la ex que lo bajoneaba mucho. Yo lo tuve que sacar de ahí. Conmigo volvió a entrenar, recuperó su peso, porque estaba muy flaco, no tenía hambre, comía poco. Ahora está bárbaro.

-¿Es demostrativo con sus sentimientos?

-Es lo más bueno, tierno y romántico. Y muy atento. Todo esto que pasó lo angustió mucho. «Yo tuve quilombos toda mi vida. Estoy angustiado por vos», me decía. Me trata como a una reina, me cuida.

DETRÁS DE ESCENA

Claudio fuma. Dice que descubrió el cigarrillo a los 18 y fumó durante toda su carrera, que era algo normal en las concentraciones europeas. Llegó a nuestra locación, donde sucede esta producción fotográfica, en Beccar, norte del Gran Buenos Aires, al volante de una Maserati Levante de doscientos mil dólares. Vino a buscar a su novia, aunque todavía le quedan por hacer algunas tomas. Le ofrecemos acompañarla en alguna imagen, dice que lo va a pensar. Ya aclaró, a través de mensajes de textos, a distintos periodistas, «nunca le pegué a una mujer ni me drogo». Hablamos, off the record, de todo lo que está sucediendo a su alrededor. Está contento porque logró recomponer su relación con Charlotte y, al mismo tiempo, muy dolido con Alexander, que se hizo eco de algunas denuncias que lanzó su madre. Quiere encauzar su carrera, disfrutar del cariño de la gente y gozar los beneficios de ser una leyenda del fútbol sin tener que responder, a cada paso, las acusaciones más espantosas.

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Todavía no sabemos si el «Pájaro» se va a dejar fotografiar junto a su novia. Jamás, nunca en su vida, posó con otra pareja que no fuera Mariana Nannis. «Que haya venido a la producción ya significa mucho. Marcelo Tinelli lo llama cada vez que va a bailar la hija y él nunca fue al piso de ShowMatch», destaca Sofía.

Después del segundo café, «corto y fuerte», acepta la propuesta: «Bueno, pero hacemos una sola foto. No quiero estar parado. Tratemos de que la imagen tenga mi estilo, que sea más rocanrol», sugiere. El resultado es la imagen que llevamos en tapa. Es su manera de gritar públicamente su amor por Sofía y, al mismo tiempo, demostrarle su agradecimiento por cómo sobrellevó el huracán mediático que no logró separarlos.

COMPROMISO EN TULUM, BODA EN HENDERSON, HIJOS.

En este romance ATR (la sigla de A Todo Ritmo, que se usa hoy para referira vértigo), donde la convivencia llegó antes que el noviazgo, es inminente el compromiso. Tiene que suceder, según lo planeado, en los próximos días.

-¿Hubo una propuesta formal para este compromiso?

-Sí, al estilo Caniggia. Me invitó a ver la Fórmula Uno a México. «¿Querés que después vayamos a Tulum?», me preguntó. Yo le dije que sí, conozco el lugar y es el paraíso. Entonces me propuso: «Estaría bueno hacer algo en la playa, un poco de rocanrol», con esas palabras. «¿Y qué es algo de roncanrol?», le pregunté. Me contestó: «¿Te gustaría que nos comprometamos en Tulum? Yo organizo todo». Y le dije que sí. pero le aclaré que si ese día nos levantamos sin ganas, no hacemos nada. Porque yo soy como él, nosotros no hacemos nada por obligación. A partir de ahí, se fue incentivando solo: eligió su look, de playa y con sombrero, tiene reservadas las alianzas en una tienda de allá. Porque la ceremonia es con intercambio de alianzas. Estuvo preparándose: fue al dermatólogo, al peluquero. Cuando estuve en Tulum, todavía no conocía a Claudio, me enamoré de un vestido blanco, pero no lo compré. Pero ya averigüé y, como seguía en venta, lo reservé: ¡va a ser el que voy a usar en nuestro compromiso! Es una ceremonia maya, un ritual sagrado con música, voy a llevar una corona de flores, vamos a estar descalzos, no podemos llevar celulares.

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-Se supone que el compromiso antecede al matrimonio, pero Claudio está legalmente casado. ¿Ya inició el trámite de divorcio?

-Sí, lo empezó hace un par de meses. Ya está presentado. Como hoy el divorcio es unilateral, no pueden surgir imprevistos. Y ya me dijo: «Cuando salga el divorcio, nos casamos legalmente en Buenos Aires o en Henderson». Queremos hacerlo en Henderson, él siente que le debe algo al pueblo donde creció. Se fue de muy chico y volvió una sola vez para el entierro de la madre.

-¿Conocés Henderson?

-No. Yo quiero ir todos los fines de semana porque me escribe mucha gente de allá a través de las redes sociales. Me escriben sus primas. Lo más probable es que nos casemos este año. El divorcio no tarda nada, lo que demora es la separación de bienes.

-A la velocidad que van, seguramente hablaron de la posibilidad de tener hijos.

-Él quiere, me lo dice, tiene ganas de que tengamos hijos. Pero más adelante, yo ni lo pienso, quiero disfrutar más, viajar. El tema lo saca él, le gusta decirme esas cosas.

Fuente revista Hola 
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