Hace sandalias de cuero con descartes y las exporta a Europa

La ingeniera Mercedes Saravia envía sus productos desde Comandante Luis Piedra Buena (Santa Cruz) al Viejo Mundo.


Desde Comandante Luis Piedra Buena, en la provincia de Santa Cruz, Mercedes Saravia (40) vende carteras, zapatos y accesorios de autor, que distribuye por todo el país y también exporta a España, Suiza e Italia. Se define como eco diseñadora porque sus prendas son elaboradas a partir de retazos de cuero que descartan los talleres de marroquinería o calzado.

Ingeniera Industrial egresada de la Universidad de La Plata, con estudios en diseño e indumentaria, cuenta que haciendo un trabajo práctico se enteró de que las fábricas de calzado y marroquinería no utilizan el 30% del cuero que compran para la producción. “Decidí, entonces, que ésa sería mi materia prima. Me contacté con tres de las fábricas grandes de Buenos Aires, donde arrancó mi emprendimiento, y logré un convenio para que me donen los retazos. A pesar de estar viviendo desde 2013 en Santa Cruz, me siguen donando y me hacen los envíos a pesar de la distancia. Incluso se sumaron también fábricas de Perú, Colombia y Ecuador”, cuenta.

En 2009, utilizando su nombre como marca, lanzó su línea de productos sustentables. Desde enero de este año, además de carteras y cinturones, produce y vende zapatos. Su emprendimiento fue el segundo premio de la edición 2019 del certamen “Emprendedor del Año”.

De los retazos de cuero donados, Saravia corta círculos de cuero (algunas fábricas ya se los envían cortados, ahorrándole tiempo). Combinando colores, tonos y tamaños, los va encastrando entre sí para armar una trama de la forma y el tamaño que necesita. Luego, esa estructura modular es tratada con el proceso tradicional de cualquier talabartería: el encerado, la costura, el armado final y las terminaciones. Explica que es un trabajo sumamente artesanal, con dos empleadas para trabajar en la producción.

“El lanzamiento fue en una feria que hice en el living de mi casa con las mamás del jardín de mis nenas. Hice unas blusas con telas recicladas y, para hacer juego con las blusas, hice cinturones aplicando la técnica de encastre. Me acuerdo que los círculos los corté con tijera y los tajos para las uniones con bisturí; fue un trabajo de locos. El resultado fue que vendí todos los cinturones y ni una sola blusa; fue una buena manera de probar los diseños y claramente lo original era la técnica en cuero”, recuerda.

Mientras vivió en Buenos Aires tuvo un local a la calle en Palermo, pero cuando en 2013 se fue a vivir con su familia al sur, mudó el taller, cerró el local y se enfocó en la venta por redes sociales. “Al principio fue muy difícil. Perdí a mis clientes del norte porque, claro, el producto se les encarecía mucho por el costo del envío. Sólo mantuve los de la región patagónica. Tuve que contratar y capacitar en el oficio a gente nueva y me encontré con que muchos insumos tenía que hacerlos traer de Buenos Aires, porque acá es muy caro. La remé durante un año y medio hasta que arrancó otra vez”.

Sin embargo, aclara, una vez relanzado el negocio le encontró también una ventaja no menor a Santa Cruz: “En Buenos Aires la competencia era bestial. Yo era una diseñadora más entre muchos, incluso una más de las que trabajan con materiales de descarte, pero acá soy la única y eso te da una impronta”.

También da conferencias enseñando la técnica: ya tuvo dos invitaciones, la primera fue en Perú, invitada por el Ministerio de Producción de ese país. La segunda, a mediados de diciembre, fue en Ecuador.

fuente revista pymes 
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