«Johnny» De Beneditis: «Hoy disfruto ver a mis hijos corriendo»

Una amena charla mantuvo el ídolo de Necochea con Carlos A. Legnani (h) por el Instagram de @Campeones, en la cual recordó sus inicios en el zonal y su campaña en Turismo Carretera corriendo con Dodge y Ford, y sus anécdotas con Roberto Mouras, cuando recién se iniciaba. Hoy, más relajado acompaña a sus hijos Juan Bautista y Franco, en las pistas. 

Con su estilo inconfundible por aquellos circuitos semipermanentes que usaba el Turismo Carretera en los ochenta hizo de Juan Antonio De Benedictis un referente e ídolo, al verlo transitar de costado, primero con el Dodge y luego con el Ford, por cada retome. Además, usaba casco abierto, buzo arremangado, sin guantes y con mocasines, como toda indumentaria.

Alguna vez consiguió triunfar hasta descalzo. «Como eran nuevos, me los saqué porque resbalaban en los pedales y los dejé debajo de la butaca. Cuando llegué al parque cerrado Daniel Bosco me vio antes que pudiera calzarme de nuevo. Una anécdota que seguimos recordando cuando nos vemos«, le indica el «Johnny» de Necochea a Carlos A. Legnani (h) durante la charla que mantuvieron por el Instagram de Campeones, repasando su campaña.

Y agrega: «No tenía un equipo completo. Ni se pensaba en los elementos de seguridad que debíamos tener para correr. El primer buzo ignífugo fue cuando empecé a correr  en TC, y lo usé toda mi campaña. Posiblemente la inexperiencia de la edad no nos hacía pensar en el peligro, y solo queríamos largar y andar a fondo. La seguridad de hoy está muy bien desarrollada«.

Mecánico de alma, y nacido en una región en donde la velocidad era constante por los numerosos representantes en las categorías de Cafeteras y Mar y Sierras, son las bases sólidas que lo llevaron a estar sobre un auto de carreras. «Siempre me gustó. Mis inicios fueron en una concesionaria de mecánico y ahí tuve la suerte de correr» detalla «Johnny», quien indica que así lo llamaba un matrimonio inglés, dueños de un campo en donde trabajaba su padre.

«Siempre me apasionó y correr fue más que todo por armar un auto«, amplía, quien se fue «perfeccionando» con Ricardo Joseph, Justo Izaguirre, Omar Wilke, Jorge Pedersoli y José Miguel Herceg. «Con ellos aprendí mucho. Cuando comenzamos era ir a Buenos Aires a verlos era increíble. Les copié todo a todos. Y Herceg me explicaba por qué un elemento funcionaba y por qué no«, admite.

Sobre sus primeras carreras, rememora: «Un tío de Juan Alberto Occhionero le atendía el auto de Mar y Sierras, y tienen una discusión, se separan y arma otro coche para él. Y siempre me djo siempre que cuando tuviera los 18 años me lo iba dejar probar. Cuando los cumplí fuimos a girar y ahí empecé. La gente me ayudó mucho. Empecé en las Cafeteras y después corrí en Mar y Sierras, y así llegamos al TC«.

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«Oscar Erratchu, era mi ídolo en Mar y Sierras, y también Occhionero. Con ellos, cuando el TC tuvo un furor en los comienzos del ochenta, llegamos una camada nueva desde el Mar y Sierras«, asegura De Benedictis, quien aquellas competencias zonales ya se caracterizaba con su estilo de manejo. «Teníamos motores de 350Hp y libres, con autos livianos, neumáticos de calle. Era normal en los circuitos de tierra. Si bien no era lo ideal, te permitía correr y a veces ganar. Era divertido«, sostiene.

«Quien cambió mi forma de manejar fue Tulio Crespi. Me enseñó mucho en mi carrera deportiva. ‘¡Pensá antes de hacer la macana!’, me decía. Sin querer me hizo andar más rápido, me corrigió ir más derecho y no tanto más de costado«, asegura sobre el constructor que le permitió pulir ese manejo que lo acercó al público.

Su debut en Turismo Carretera se da en la carrera de Olavarría, el 30 de marzo de 1980. «Fue por circunstancias. Se vendió el Mar y Sierras, y como lo que se recaudó era una parte mínima. Mario Vitale, quien también había corrido en TC, me ayudó con la otra parte que faltaba y compré el Dodge«, confía De Benedictis, quien fue 13º en la serie y luego arribó 16º en la final, a una vuelta de Oscar Aventín, ganador de esa carrera.

Si bien en aquella primera etapa en TC lo hacía con una Dodge anaranjada, con el tiempo el verde fue el color que lo identificó en el resto de sus presentaciones. «Es anecdótico. Muchos decían que llevar el color verde era mala suerte. A mí me dio grandes resultados y satisfacciones«, refuta sobre las «cábalas» cromáticas en el automovilismo.

Al repasar sus actuaciones en los circuitos semipermanentes, «Johnny» recuerda las diferencias en el andar de las Dodge con los Ford y Chevrolet en las rutas. «Me causaba admiración ver cómo andaban los pilotos sobre Ford y Chevrolet. El Dodge era más seguro y firme por sus suspensiones, al doblar«, asegura.

Consiguió ganar en 16 competencias de TC, de las cuales rescata: «Todos tienen un significado distinto. El de Pergamino, porque fue el primero; en Necochea por ser local, y las 2 horas de Buenos Aires con Mariano Calamante fue la mejor porque era donde todos querían ganar».

Sobre esa carrera, que fue la primera de las pruebas que el TC llevó a cabo en el autódromo «Oscar y Juan Gálvez», recuerda: «Iban pasando los días y no tenía elegido al otro piloto. Y alguien se acuerda que nadie lo llamó a Calamante; lo llamo y me dice que sí. No estaba corriendo en ese momento. Le dije que la ganábamos. Y se dio porque era el día que nos tocaba ganar. Ninguno de los dos nos olvidamos de esa carrera«.

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Su primer triunfo llegó en 1981, en Pergamino. De ese circuito recuerda: «Era un triángulo rápido. Me encantaba». Otro de los escenarios que le gustaba transitar era el de Necochea. «Fue uno de los trazados más chicos. Siendo local era hermoso y no le encontrabas defectos. Hoy, transitando por esos lugares, mirás por donde se corría y no lo podes creer. Era fundamental tener un buenos frenos. porque tenía curvas de primera velocidad, a 20Km/h«, admite.

El circuito de La Banda, en Santiago del Estero, también lo vio ganador, y sobre el mismo destaca: «Esa carrera a veces la inconsciencia te hace ganar. Fuimos en un colectivo y el sábado lo recorrimos al circuito, notamos que estaba ondulado. Al otro día en la reunión de pilotos se quejaban de las ondulaciones, porque muchos lo hicieron en auto. Para mí, en la carrera lo hacia normal, no me causó sorpresa y pude ganar«.

«Punta Alta (Bahía Blanca) me encantaba. Tenía una parte con una ese muy rápida en donde los Dodge hacían la diferencia, porque doblaban rápidos y cómodos. Una mañana no arrancaban los autos por el frío que hacía; los empujábamos por todo el playón de boxes para ponerlos en marcha«, indica, y cierra sus gustos «ruteros» con el trazado en San Lorenzo: «Era un circuito de los que más me gustaba, porque era trabado. La primera vez que fuimos con el Dodge ganamos, y después con Ford. Disfrutaba andar en ese circuito«.

De aquellos primeros años en TC, y sus primeras actuaciones en autódromos, como el de Buenos Aires, se centra en una anécdota con Roberto Mouras, en el circuito «12». «En ese momento, el tiempo de vuelta era de 2m01s hecho por Mouras; yo lo hacía en 2m05s. Viene (Jorge) Pedersoli y me pregunta cómo andaba, y le dije que el auto no funcionaba. ‘¿No serás vos?’, me decía, y yo le respondía que era el motor«, cuenta.

«¿Por qué no le decís a Roberto que te lo prueba?’, insiste Pedersoli. Viene Mouras, nos subimos al auto, y dimos una vuelta, en la siguiente lo acelera y veía como que iba paseando, cuando lo cronometro veo que baja los tiempos míos. Encima en mitad de recta levantaba para que el motor no se pase de vueltas«, continúa relatando De Benedictis.

«En la cuarta vuelta hace su tiempo. Yo no entendía, y cuando para me dice que el motor andaba muy bien y sobre la multiplicación me dice que estaba corto. Al bajarnos, vuelvo al box y les digo a mi equipo que nos íbamos. Cuando estábamos juntando las herramientas y guardando el coche, pasa Roberto y me pregunta si había roto algo, pero le digo que me iba, que ‘el TC no era para mí«, indica.

Mouras lo invita a subirse a su auto particular y lo lleva a dar una nueva vuelta en el circuito porteño, y le marcó las referencias de la pista: «Me explicó todo lo que hacía mal. Y me dijo que no me enloqueciera. Era un capo. Tenía una tranquilidad arriba del auto, que no imaginabas que corría. Verlo con qué habilidad llevaba el auto en la parte rápida».

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«Después de haberlo visto, a cada circuito que después íbamos por primera vez y dábamos una vueltas con él en mi auto. Y al otro día peleábamos la carrera mano a mano. Se brindaba de una forma que no todos lo hacen«, resalta la personalidad del recordado tricampeón de TC. «Cuando ocurrió su accidente en Lobos fue un golpe duro, lo sentí bastante«, admite.

Su paso a Ford se dio por un amigo en común con Carlos Alberto Legnani, Alberto Elías. «Me decía que si corría con Ford él me regalaba el casco. Y así fue. Cuando empecé a corre con Ford vi lo que significaban las hinchadas. Si bien con Dodge la tenía, la disputa con Chevrolet era grande«, se refiere a los duelos del óvalo y el moño.

Sobre sus rivales, indica que fueron todos aquellos que se medían en los circuitos. «Todos los que competíamos lo éramos. Queríamos ganar. Te olvidabas de todos. Muchas veces pasa que un grupo de pilotos no tienen la suerte de contar con un auto rápido para ganar. Es difícil decir quién es mejor o peor piloto que otro«, manifiesta.

Un accidente en Balcarce, en 1995 lo marginó de continuar corriendo en TC. «Fue el accidente más bravo que tuve corriendo. El otro es el de 2013 con mi señora. Un brazo quedó lesionado y un golpe frontal. El estar contándolo ya me deja contento y sigo viviendo más tranquilo«, recuerda.

Ahora, con esa tranquilidad se permite seguir la campaña de sus hijos, Juan Bautista y Franco. «Los veo seguros a ambos, cuando hacen maniobras ajustadas y sin cometer errores. Juan Bautista, cambió mucho, es seguro y rápido; y Franco es más de mi estilo, pero aprende en cada carrera y son menos los errores que comete. No pienso que les pueda pasar algo malo. Hoy los disfruto viéndolos correr«, confiesa

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cecilio alberto cabrera

Hermoza nota,hemozos recuerdos,un grande Johnny,lo vi correr en las zonales,garantia de espectáculo!!! lo vi ganar en NECOCHEA,cuanta emoción de todos los borrachines que fuimos a acampar,hoy desde RIO GRANDE,sigo a sus hijos por la tv,cn las misma ganas, cmo necochense k soy

cecilio alberto cabrera

muy bueno el diario