Francisca Rojas: A 128 años del filicidio que dio inicio a la Dactiloscopía

Se cumplen 128 años del descubrimiento de la autoría de un doble filicidio, ocurrido el 29 de junio de 1892 en la ciudad de Necochea, que dio lugar a que fuera el primer caso conocido de aplicación del estudio de los rastros digitales al descubrimiento de un delito y, por lo tanto, de admisión de la Dactiloscopía como prueba judicial.

El caso

La precedente comprobación de la identidad por un medio completamente nuevo empezó a convertir en favorable para Vucetich la opinión que, hasta entonces le había sido contraria. La adopción de un sistema original tan distinto del de Bertillón, que dominaba entonces en todas partes, era considerado por la mayoría como un atrevimiento descabellado. Vucetich ha relatado en el Anexo II a su Proyecto de Ley de Registro General de Identificación (páginas 141 a 143), los principales caracteres de la lucha en que hubo de empeñarse para lograr el triunfo de su sistema.

Cuando puse de manifiesto dice por primera vez en el mundo los errores capitales e irremediables a que podía dar y daba margen el bertillonaje, y la perfección puesta a cubierto de toda duda que ofrecía el sistema dactiloscópico, mi afirmación dio motivo para que se me tachara de temerario y arrogante, porque me atrevía a lo que antes que yo no se habían atrevido otros. La resistencia que encontré me incitó a una entera consagración al estudio para el perfeccionamiento de mi sistema, obligándome a erogaciones que comprometían de una manera irreparable el mezquino emolumento de que gozaba.

Que no fue lo peor. Lo peor fue que sentí que en torno mío se sembraban espinas; y la murmuración implacable, prohijadora de la hipócrita calumnia, infundía sospechas respecto a mí y a mis trabajos, no economizándoseme ni la colérica burla ni el petulante agravio. Máxime cuando en 1893 la Superioridad dispuso la supresión de dicho servicio por considerarlo inútil; el que fue rehabilitado pocos meses después, siendo Jefe de Policía don Francisco P. Lozano.

Con objeto de recompensar los trabajos extraordinarios prestados por Vucetich a la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en la sesión del 22 de junio de 1894 de la Cámara de Diputados provincial, los diputados Alejandro Korn, José Vicente Martínez y Mariano A. Pinedo, presentaron un proyecto por el cual se le acordaba a Vucetich la suma de cinco mil pesos por una sola vez. El proyecto fue aprobado por la mencionada Cámara; pero diferida su sanción en la de Senadores, hasta quedar caducado.

Vucetich, entretanto, consagraba al estudio y a la adquisición de materiales, que necesitaba para los fines de su invención, gran parte de sus escasos emolumentos. En vez de obtener apoyo y protección para sus trabajos, a causa de la sorda hostilidad que promovían contra él sus enemigos de su acción renovadora, se le restringían hasta los materiales de la oficina. Tenía pues, que costearse los diversos y costosos libros que necesitaba para sus estudios y los materiales para los experimentos. Cuando concibió la construcción del armario casillero como base necesaria de la aplicación de su sistema, para archivar las fichas clasificadas, tuvo que adquirir de su peculio los armarios usados, en una antigua casa de modas, y hacerlos transformar en casilleros para adaptarlos al nuevo uso a que estaban destinados.

En 1895 publicó su Sistema de Filiación Provincia de Buenos Aires, con prólogo del Doctor J. Weigel Muñoz, consistía ese sistema en un procedimiento que utilizaba la filiación ordinaria y la descripción de cicatrices y tatuajes como complemento de la Dactiloscopía, y donde este último sistema se describía más extensamente, insertando láminas con muestras de los diversos dibujos y las clasificaciones respectiva, cuyo número se había elevado a 101.

Como fueron los hechos

El Ombú testigo del crimen.

Al ingresar los niños fueron encontrados degollados sobre la cama matrimonial y al lado de su madre que estaba moribunda, presentando en su cuello una herida no muy profunda y que por ello había perdido mucha sangre.

Primeramente como el estado de Francisca parecía delicado no se la examinó con profundidad y se obtuvo una primer declaración en la que acusó a Ramón Velásquez, vecino y amigo de la pareja, cuya casa quedaba a unos 400 metros de allí. La mujer acusó abiertamente a Velásquez del asesinato de sus dos hijos y el haber intentado además , darle muerte a ella utilizando una pala.

Francisca declaró esa tarde que como ella se negaba a entregarle sus hijos a quien ellos mismos llamaban ‘tio’ , y que su esposo había encargado llevárselos , Velásquez procedió a asesinar a sus hijos e intentar además hacerlo con ella.

Con esta declaración se procedió sin pérdida de tiempo a la aprehensión de Velázquez, que se hallaba trabajando en el establecimiento del señor Molina, sito en este mismo cuartel.

Aún cuando aquél negara desde un principio otro conocimiento de lo ocurrido que el que tuvo, cuando a pedido de Caraballo, fue acompañándolo hasta su rancho, cuya puerta tuvo aquél que echar abajo para poder entrar, viendo entonces a la mujer y sus hijos en el estado que ya se ha mencionado, fue tenido como único autor y sometido a diversos interrogatorios, manteniéndose siempre en la misma negativa, y sin que de ellos se obtuviera otros datos que saber que esa mañana Francisca había ido a su casa y tenido un altercado con su mujer Cándida Roldán, llegando a irse a las manos, causa que dieron entonces como impulsora del hecho: pero poco después conducido Velázquez a presencia de los cadáveres de Ponciano y Felisa, continuó su negativa, e hizo reflexiones a su acusadora y reproches que al parecer la sacaron del verdadero o fingido letargo en que se encontraba e incorporándose en la cama repitió su acusación, pero en una forma contradictoria a la que antes había dicho; empleando palabras ofensivas contra Velásquez, demostrando la cólera de que se hallaba poseída.

El médico que la había reconocido y que diagnosticó el caso perdido, manifestando que el estado de postración en que se hallaba era consecuencia de los golpes que había recibido por la espalda, con la pala; pudo recién examinarla detenidamente, adquiriendo el convencimiento de que tales golpes no existían y que lo que entonces había observado como un fenómeno (la normalidad del pulso, en Francisca, era la natural) pues nada tenía que pudiera alterarla, salvo la pequeña incisión que en el cuello presentaba y ésta en extremo desprovista de gravedad.

En perfecto estado normal fue conducida a Necochea la mujer mencionada y el acusado Velázquez continuando uno y otro sosteniendo sus primeras declaraciones y recién después de varios días se obtuvo la confesión de Francisca, de que su acusación carecía de fundamentos y que la única autora del hecho era ella, que ofuscada porque su marido la había echado de su lado y le iba a quitar sus hijos había resuelto matarlos, quitándose también ella la vida, pues prefería ver muertos a sus hijos y morir, antes que aquellos fueran a poder de otras personas.

Este caso fue de gran interés para el pionero en la ciudad de los medios digitales y fundador de Diario Necochea, Jorge Luis Mariscal, quien a través de los años realizó una completa recopilación de datos y documentos históricos los cuales se encuentran digitalizados en internet. Hoy se cumplen 128 años de este acontecimiento, es por esa razón que compartimos parte de la información con nuestros lectores.

Para más información sobre esta historia ingresá a https://franciscarojasdn.wordpress.com/

Fuente: Arq. Freitas Necochea | franciscarojasdn.wordpress.com

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coco

Joya,donde estan las huellas digitales en este articulo? me parece que se olvidaron algun parrafo