La guerra desató "la mayor crisis actual de desplazados", con efectos en la región y Europa

Más de 13 millones de personas escaparon de sus hogares por la guerra en Siria, de cuyo inicio se cumplen diez años, en lo que sigue siendo «la mayor crisis de desplazados que enfrenta hoy el mundo», según el organismo de la ONU para los refugiados (Acnur), que alertó que el paso del tiempo y el coronavirus profundizó el sufrimiento humanitario.

Las estadísticas resumen el panorama: unas 6,7 millones de personas son desplazados internos, mientras que unos 6,6 millones cruzaron la frontera, 5,5 millones de ellos a países vecinos, especialmente Turquía, que concentra la gran mayoría de refugiados sirios, seguida por Líbano, Jordania, Irak y Egipto.

«Es la mayor crisis de desplazados que enfrenta hoy el mundo», indicó la portavoz para Medio Oriente de Acnur, Rula Amin, quien enumeró que «los refugiados perdieron sus hogares, sus seres queridos, sus medios de vida y su red de seguridad social».

«Diez años después del inicio de la crisis se volvió aún más difícil para los refugiados hacer frente a su desplazamiento a pesar de la impresión que tienen muchas personas de que con el tiempo las cosas se vuelven más fáciles», manifestó.

«Al principio, existía la esperanza de que esta situación fuera breve, que podrían regresar pronto a sus hogares. Pero eso no sucedió, y cada año que pasa tienen menos recursos y herramientas. Es un desgaste gradual no solo de los recursos materiales, sino a veces también de su resistencia y su paciencia», añadió.

El éxodo al extranjero de casi la tercera parte de los 22 millones de habitantes que tenía Siria antes de la guerra, el 45% de ellos menores de 18 años, desató en 2015 una crisis política en la Unión Europea (UE) cuando los refugiados comenzaron a llegar a su territorio.

«Diez años de la crisis en Siria combinados con el coronavirus están poniendo en riesgo años de trabajo para ayudar a los refugiados

Rula Amin

Las respuestas en cada país variaron desde levantar cercas con alambres de púa para impedir el ingreso hasta promesas de cuotas de reubicación de migrantes que igualmente fueron incumplidas.

Sin soluciones reales y en medio un crecimiento de las fuerzas políticas antimigratorias, el bloque firmó en mazo de 2016 un acuerdo con uno de sus principales críticos, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, para que frene la llegada de sirios desde Turquía a cambio de una ayuda de 6.000 millones de euros, con críticas cruzadas posteriores por el incumplimiento del pacto.

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Lo cierto es que esto no mejoró la situación humanitaria de los refugiados sirios: muchos siguieron viviendo hacinados en campamentos insalubres, con un tercio de los chicos en edad escolar fuera de las aulas, dificultades para acceder a un empleo y acosados por la pobreza, que en Jordania alcanzó al 80% de los desplazados.

La pandemia de coronavirus y sus efectos sanitarios, económicos y sociales «exacerbó las dificultades», dijo Amin.

«Los cierres y las restricciones significaron la pérdida de puestos de trabajo para quienes habían logrado encontrar algo y la crisis económica significó precios más altos. Más de un millón de refugiados sirios en Irak, Líbano y Jordania cayeron profundamente en la pobreza debido al impacto de pandemia, además de golpear a quienes ya vivían por debajo de esa línea», añadió.

El el 45% de los migrantes son menores de 18 años.

El 89% de los refugiados sirios en Líbano, país sumergido en una profunda crisis económica y financiera, no llega a ganar el mínimo, cifra que trepó desde el 55% en 2019, mientras que el trabajo infantil entre desplazados sirios se duplicó en el último año.
En Egipto, más de la mitad de los refugiados sirios redujeron la cantidad de porciones diarias de comida por efecto de la pandemia, de acuerdo a una encuesta reciente que encabezó Acnur.

El 42% de los consultados dijo que perdió su trabajo y el 58% indicó que no tiene acceso a elementos básicos de higiene.

Esto tiene su efecto también en la salud mental, según contó Amin: «En 2020 tuvimos un aumento significativo de personas que denunciaron intentos de autolesión y suicidio. Y de hecho hemos tenido varios refugiados que se quitaron la vida el año pasado y dejaron familias y niños pequeños. Y esto se debe a esa desesperación por no ver cómo enfrentar el día a día».

«Diez años de la crisis en Siria combinados con el coronavirus están poniendo en riesgo años de trabajo para ayudar a los refugiados a ser autosuficientes y garantizar el acceso a las escuelas y la educación para sus hijos, así como a los servicios de salud. Es una emergencia silenciosa, y la comunidad internacional necesita intensificar su apoyo tanto a los refugiados como a los países que los reciben», concluyó.

El 42% de los consultados dijo que perdió su trabajo y el 58% indicó que no tiene acceso a elementos básicos de higiene

El último golpe provino desde el propio Gobierno sirio de Bashar al Assad, que este mes modificó una ley para permitir la confiscación de las propiedades a quienes no hagan el servicio militar obligatorio antes de los 43 años, lo que termina con cualquier esperanza de los refugiados de recuperar los hogares que dejaron atrás para escapar del país.

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«Las propiedades que mis hermanos y yo heredamos de nuestro padre están todas a mi nombre. Perderemos todos nuestros bienes, no solo la casa», contó al diario The Guardian un hombre de 44 años que ahora vive en Turquía, luego de que sus familiares no pudieran entrar al domicilio en el que residían en la ciudad siria de Alepo.

«Lo realmente preocupante de esta nueva enmienda es la escala a la que afecta a la población siria. Muchos sirios, incluso personas leales al Gobierno, se fueron porque querían evitar el reclutamiento y los abusos de derechos humanos asociados con las fuerzas armadas sirias «, explicó Sara Kayyali, investigadora de la ONG Human Rights Watch para Siria.

Millones de desplazados siguen viviendo hacinados en campamentos insalubres, con un tercio de los chicos en edad escolar fuera de las aulas

La ultraderecha de Europa usó la crisis de refugiados como trampolín para su crecimiento


La denominada crisis de refugiados, alimentada principalmente por quienes escaparon de la guerra en Siria, generó en Europa un sentimiento antiinmigrante y nacionalista que fue utilizado por los partidos políticos de ultraderecha como trampolín para su crecimiento en niveles que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial.

Alternativa para Alemania, Vox en España, Frente Nacional en Francia, Liga Norte en Italia y Amanecer Dorado en Grecia forman parte de una lista más larga de fuerzas que pasaron de ser marginales a ocupar importantes espacios en los distintos órganos de poder institucional y tener una mayor presencia en las calles.

«La derecha radical ya ocupaba un lugar destacado en las encuestas cuando en 2011 estalló la guerra (en Siria), pero la afluencia de refugiados, especialmente en 2015, tuvo un impacto decisivo en su ascenso», resumió en declaraciones el politólogo francés Jean-Yves Camus, autor del libro La extrema derecha en Europa: nacionalismo, xenofobia, odio (Editorial Capital Intelectual).

«La crisis de refugiados permitió a la derecha radical atacar a la Unión Europea acusándola de no haber podido detener la afluencia de refugiados, así como a (el presidente de Turquía Recept Tayyip) Erdogan, a quien acusaron de chantajear a Europa al abrir sus fronteras a quienes huyeron de Siria y luego permitirles continuar hacia Europa», añadió.

El analista indicó además que la ultraderecha «también jugó con el temor de que terroristas islámicos se hubieran infiltrado en las filas de refugiados para entrar en Europa y planear ataques allí, lo que en algunos casos resultó cierto».

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«La derecha radical aprovechó además la afluencia de refugiados para atacar la sociedad multicultural, diciendo que los refugiados no se adaptaban a los valores del país en el que se asentaron», completó.

En la calle todo eso se tradujo en inmigrantes golpeados por encapuchados en Grecia, manifestantes con esvásticas y haciendo el saludo nazi en Alemania y hasta una periodista que derribó de una zancadilla a refugiados a su paso por Hungría.

Pero las fuerzas de esta ideología también empezaron a tener un mayor poder real con escaños en los Parlamentos y gobernaciones, principalmente.

Alternativa para Alemania (AfD) se convirtió en 2017 en el primer partido de ultraderecha que entra a la cámara baja del Parlamento alemán desde 1945, y el líder de Liga Norte, Matteo Salvini, llegó ser vicepremier de Italia, país que recibió grandes olas de migrantes no sólo desde Turquía sino también desde el norte de África.

«Creo que el auge de Marine Le Pen en Francia y el surgimiento de Vox en España tienen que ver indirectamente con la crisis de refugiados, ya que lo que hizo esa crisis fue aumentar el miedo al islam y los musulmanes, así como el miedo a una ‘invasión’ de Europa por parte de personas asociadas al terrorismo y valores ajenos a nuestra historia», explicó Camus.

«También hay que fijarse en Europa del Este, que estaba en el camino de los refugiados que querían llegar a Alemania, Reino Unido y Escandinavia. En todos los países de los Balcanes, Europa Central y hasta los Estados bálticos, hubo un consenso político generalizado, incluso en la derecha tradicional, de que no se debía permitir la entrada de inmigración procedente de Siria e Irak, y que las fronteras debían cerrarse para que los refugiados no pueden entrar», añadió el politólogo.

Si bien existían muros fronterizos en Europa antes de la crisis de los refugiados, como los que separan las ciudades españolas de Ceuta y Melilla de Marruecos, es a partir de 2015 que aparecen nuevas vallas en el límite que Turquía comparte con Grecia y con Bulgaria, entre Grecia y Macedonia del Norte, entre Hungría con Serbia y Croacia o en Calais, en el cruce de Francia hacia el Reino Unido, para nombrar algunos.

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