Se cumplen 10 años de la muerte de Argentino Luna

Este viernes se cumplen 10 años de la muerte del cantor, guitarrista y compositor Argentino Luna, referente de la música surera bonaerense, quien a lo largo de su vida creó más de 300 canciones, entre las que destacan las populares “Mire qué lindo es mi país paisano” y “Zamba para decir adiós”.

Rodolfo Giménez -su verdadero nombre- nació en 1941 en General Madariaga, localidad ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires, donde tuvo su primer vínculo con la música de la zona –milongas, huellas, estilos y cifras– y con la vida cotidiana de los habitantes de esa ciudad, que más tarde estarían presentes en sus canciones.

En sus 69 años de vida, cosechó varios premios -Palma de Plata, Limón de Oro, Gardel de Oro, y Charrúa de Oro, entre otros- y se transformó en uno de los emblemas de la música del sur de la provincia de Buenos Aires junto a otros grandes como Alberto Merlo, José Larralde y Omar Moreno Palacios, fallecido el mes pasado a los 82 años.

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Luna se crió en el seno de una familia humilde y campesina; su madre, Esperanza Castañares, se ocupaba de diversas labores como la de cocinera para los peones de estancias, y su padre, Juan Lino Giménez, conoció todos los oficios de la gente a caballo. Tuvieron otros cinco hijos, además de Rodolfo.

Luego los padres del músico Luna fueron a trabajar a Villa Gesell, en la costa atlántica, donde transcurrió gran parte de su infancia y adolescencia, cursó la escuela primaria, y ayudó a su familia en diferentes trabajos; se desempeñó como peón de albañil en las obras en construcción, y también fotógrafo, pero siempre que podía hacía lo que más le gustaba, que era cantar.

Padre de cinco hijos nacidos de dos matrimonios, el músico compuso más de 300 canciones, entre ellas «Zamba para decir adiós», su primer gran éxito, «Mire qué lindo es mi país paisano«, «Mirá, lo que son las cosas», «Pero el poncho no aparece», y «Me preguntan cómo ando».

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Cuando se trasladó a Buenos Aires dio sus primeros pasos en la música y empezó a tocar en los lugares donde se guitarreaba para participar cantando una milonga, una cifra, un estilo o narrando algún relato campero que contaba quién era o de qué lugar venía.

«Soy un permanente agradecido de la vida porque me dio todo lo que un hombre puede soñar y querer, mi familia y los amigos que a través de los años se fueron agigantando y siempre quiero tener como dice Horacio (Guarany), la parrilla de mi casa con la grasita jugosa del último asado, porque eso quiere decir que la mesa nos une seguido», dijo en su momento.

Argentino Luna murió el 19 de marzo de 2011 en la Fundación Favaloro de la Capital Federal, donde se encontraba internado a raíz de una larga enfermedad, dejando un importante legado en la cultura argentina.

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