Fototerapia: el arte de bucear en imágenes propias, actuales y del pasado

La fotografía ayuda a sortear las barreras del lenguaje verbal. Porque las personas hablamos, pero no siempre podemos expresar las emociones que nos atraviesan”, explica Daniela Java Balanovsky, fotoperiodista y psicóloga (UBA). Java instaló en la Argentina una práctica que durante los últimos 25 años ganó terreno a nivel mundial dentro del ámbito del arte, la docencia, la comunicación y la salud mental. Se trata de la “fotografía terapéutica”, una herramienta que propone hacer de las imágenes un espacio de autoconocimiento y bienestar.

Según relata Java Balanovsky, su primer encuentro con esta técnica fue en Jerusalén, Israel. Allí descubrió que la fotografía terapéutica consistía en una sistematización de conceptos utilizada por todos los psicólogos. “Todos los profesionales de la salud trabajamos con nuestros pacientes a través de las imágenes: de sueños, fotos, descripciones o visualizaciones. Lo que yo no sabía es que alguien había teorizado sobre ello y que además, esta práctica se enseñaba”, explica la fotógrafa cuya línea de trabajo, con adaptaciones, responde a la de la psicoanalista canadiense Judy Weisler.

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Fascinada con este hallazgo y tras profundizar sus conocimientos, Java se dispuso, en 2013, a dar un taller referido al tema en la Escuela de Fotografía Motivarte. Desde ese entonces, el curso teórico-práctico se dicta de manera ininterrumpida.

La propuesta está dirigida tanto a profesionales como médicos, maestros, psicoanalistas o acompañantes terapéuticos, como a particulares que quieran explorar un costado artístico propio y aplicarlo en el ámbito personal. Vale aclarar que para asistir al taller no es necesario contar con conocimientos previos en fotografía ni tener una cámara profesional: con un celular alcanza.

Resultados de la fototerapia

Los beneficios de la fotografía terapéutica son varios. En primer lugar, promueve la creatividad. En segunda instancia, posibilita la comunicación más allá de los límites del lenguaje.

En el curso se abordan las cinco técnicas principales. La primera refiere a imágenes de nosotros mismos tomadas por otras personas. La segunda es el autorretrato, en el cual es uno quien domina todas las variables de la foto: luz, vestimenta y fondo. La tercera implica recolectar fotos del álbum familiar. La cuarta ahonda en fotografías de autores. Por último, la quinta técnica engloba a las anteriores: se trata de la fotografía proyectiva, cuyo fin es exteriorizar emociones.

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Durante cuatro meses, el taller invita a sus alumnos a trabajar con diferentes consignas. También se utilizan imágenes acústicas y olfativas. Es por ello que el curso es inclusivo y por ejemplo, los no videntes pueden sumarse. Como dice la fotógrafa, la discapacidad no es una incapacidad.

 

Fuente: noticias.perfil.com

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