Una pareja de emprendedores que comenzó en Necochea hoy cuenta con 14 locales en toda Latinoamérica

María Elena Tapia Troncoso (38), necochense, diseñadora industrial y Guido Joachim (39), marplatense e ingeniero, son una pareja de emprendedores que tuvo su desarrollo económico industrial a partir de una filosofía playera que inspiró nuestras costas y el buen surf que ofrece. “Primero arranca el día haciendo lo que te guste y haga bien, después encara la rutina, el trabajo o lo que tengas que hacer”, sostienen en la complicidad de sus decisiones en la búsqueda de la felicidad.

“Del agua a la oficina”, es el slogan de la marca que hoy se abre paso en el mundo comercial con la marca “Rocas Company” la cual está inspirada en la naturaleza y el surf. Esta pareja busca difundir un estilo de vida consciente y de disfrute, donde todos los aspectos estén cuidados y en armonía, desde el trabajo hasta los hobbys. Esta misma filosofía de vida es la que transmiten a sus empleados de las 14 tiendas que lograron conformar en diferentes puntos de América del Sur. Quienes aspiren a formar parte de la empresa, deben cumplir con el requisito de ser amantes del verde y de los animales.

“Queremos que sean felices, que estén motivados, que trabajen desde donde quieran, que salgan a conocer, que se diviertan y por supuesto, que surfeen. Después que vengan a trabajar”, reflexionan los emprendedores, por lo que incentivan a sus empleados a viajar y practicar deportes al aire libre para tener una vida más feliz.

Este estilo de vida comenzó en nuestras playas hace veinte años, Necochea es el lugar de crecimiento de María Elena. Siempre supo que no quería caer en rutinas y oficinas, por lo que luego de la secundaria busco su rumbo. Su anhelo era vivir y trabajar en un lugar donde pudieran priorizar el contacto con la naturaleza. Por su parte, también Guido compartía ese pensamiento, el marplatense que también creció rodeado del mar.

Mientras cursaban sus estudios universitarios como diseñadora industrial, decidieron fabricar artesanías: collares y llaveros con materiales que sacaban del mar y luego venían entre los veraneantes. También diseño carros de puntos de venta de artesanías y regalos, fabricando unas diez unidades.

Uno se lo instalo para ellos, y todos los días de nueve de la mañana a nueve de la noche, este dúo estaba firme en la playa vendiendo sus creaciones. Alternando el trabajo con momentos libres para practicar surf. “Nuestro objetivo siempre fue que nuestra oficina sea la playa, y de alguna manera lo estábamos logrando. Queríamos una vida activa y al mismo tiempo relajada, donde pudiéramos disfrutar del aire libre y hacer algo que nos gustara”, cuenta Joachim.

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Posteriormente desarrollaron carteras, marroquinería y sandalias. Con algunos traspiés del negocio, la pareja no se rendía. Así fue que se encontraron con Ramiro Rodríguez Rendon, un potencial cliente que, en ese entonces, jugaba al futbol profesional. El jugador había pasado por los clubes Aldosivi, Alvarado, Chipre y Wilsterman y algo de su personalidad los cautivó para sumarlo como socio en la parte comercial.


Así fue que después de tanto, inauguraron “Rocas” su primer local de ropa y calzado femenino, con sede en Necochea. Al tiempo, inauguraron Lado B, la propuesta masculina de la marca. Además, abrieron una franquicia en Mar del Plata, el lugar apropiado para seguir haciéndole honor a la vida al aire libre y la playa.


Hoy la empresa se llama Rocas Company y en total cuentan con 14 locales repartidos entre la Argentina, Nicaragua y Costa Rica, y dos e-commerce: uno local y otro en Chile. En su catálogo ofrecen una amplia gama de productos que van desde calzados, accesorios, trajes de baño y hasta tablas de surf. Por colección fabrican un promedio de 60.000 unidades, por año unas 120.000 aproximadamente.


Siguiendo con su filosofía de vida en la naturaleza, se proponen cuidarla también, es por ello que trabajan con materiales ecológicos, sustentables y no usan nada derivado de animales, tampoco generan residuos, “reutilizamos todo y con el excedente, fabricamos otras cosas”, comenta Tapia Troncoso.
Hoy la pareja se encuentra criando a su pequeño de siete años, y con la pandemia decidieron instalarse en la selva nicaragüense, lugar en el que residen durante los meses de invierno local.