Leopoldo Bard pasó a la posteridad como fundador, capitán y primer presidente de River Plate, uno de los clubes más grandes del país. Sin embargo no es tan sabido que Bard vivió largos años en Necochea y fue el impulsor de emblemáticas obras, desde el hogar Raimondi, hasta el puente colgante o la consolidación del puerto Quequén.
Los orígenes de Bard son difusos, se desconoce una fecha de nacimiento oficial, pero se estima que fue alrededor de 1888 y se sabe que era judío e hijo de inmigrantes austriacos. Cuando era adolescente, jugaba al futbol (sin cobrar por ello un peso, como la inmensa mayoría de los futbolistas del país en esa época) en un equipo del porteño barrio de la Boca, el Santa Rosa. Su equipo se disputaba la supremacía del barrio con otro equipo llamado Los Rosales, pero a fuerza de enfrentarse tantas veces terminaron por hacerse amigos y decidieron fusionarse y crear un nuevo club.
En una humilde asamblea, llevada a cabo una tarde de mayo en un baldío a la sombra de un sauce, este grupo de jóvenes trabajadores y estudiantes, ninguno mayor de 20 años y todos provenientes de familias humildes de la Boca, fundaron el Club Atlético River Plate. En esa misma asamblea, se eligió a Bard (quien pese a su juventud ya contaba con roce político en la por entonces opositora Unión Cívica Radical) como primer presidente del Club. Con el correr de los meses, la pasta de líder que mostraba en la cancha, propició que sus compañeros lo eligieran también como capitán del equipo, convirtiéndolo en uno de los escasos casos en el mundo del fútbol en que un mismo individuo fue fundador, presidente, jugador y capitán de su equipo.
Bard consagró su juventud a River, fue el quien eligió los emblemáticos colores rojo y blanco de la camiseta (inspirado en una noche de carnaval) y junto con sus amigos tomaron un terreno en la Darsena Sud, donde edificaron el primer y modesto estadio del club. Con el correr de los años, si bien continúo pendiente de River, se volcó de lleno a sus otras dos pasiones, la medicina y la política y aquí es donde entra Necochea en la historia. Tras años de militancia, Bard fue elegido diputado nacional por la UCR y entre sus muchos proyectos se dedicó sobre todo a ampliar la cobertura de salud para la población, sumar derechos civiles para las mujeres y fomentar la obra pública. Cuando luego de algunos viajes por el país conoció Necochea, quedó cautivado por la ciudad y encontró un lugar donde cristalizar sus ideas.
La medicina de la época recomendaba el aire del mar para varias enfermedades infantiles, pero Bard sabía que para muchos niños del país, la posibilidad de una estadía en la costa era inaccesible. Por eso ideo y llevó a cabo la Colonia Marítima de Niños débiles (lo que hoy es el Hogar Raimondi), en avenida 2 y 75, para que esos niños pudieran venir a la costa a restablecer su salud. La preocupación por la salud de los niños de bajos recursos lo llevó a impulsar también el Dispensario de Lactantes, para niños recién nacidos, en el antiguo hospital Díaz Vélez. Fue gracias a su gestión también que en 1929 se inauguró el emblemático puente Hipólito Yrigoyen, más conocido como Puente Colgante, y mucho tuvo que ver Bard para la ampliación y mejora de las escolleras.
Por todos los servicios prestados a la ciudad, el municipio le obsequió una casa a Bard, ubicada en entre las calles 62 y 51, al lado de donde hoy está ubicada la escuela 12. De esa casa, en la que estaba instalado junto a su esposa y su hija, lo llevaron preso efectivos del ejército luego del golpe militar. Era septiembre de 1930, y el presidente Hipolito Yrigoyen, elegido democráticamente, había sido depuesto por un golpe de Estado llevado a cabo por el ejército. Presidente del bloque de diputados nacionales de la UCR y amigo personal de Yrigoyen, Bard se presentaba como una figura peligrosa para el nuevo gobierno, por lo que se envió al ejército a Necochea, exclusivamente a arrestarlo. Cuando lo subieron al Tren, con destino a Buenos Aires (donde sería encarcelado), cientos de necochenses concurrieron a la estación, a despedirlo.
Durante su estadía en la cárcel, Bard fue torturado físicamente por sus captores, lo que le dejó secuelas para toda la vida. Una vez liberado, eligió volver a instalarse en Necochea, para recuperarse de los daños físicos y psicológicos de su encierro. Enterados de su regreso, un grupo de ciudadanos decidió organizarle un merecido acto de homenaje en la céntrica Plaza Dardo Rocha, pero el evento terminó siendo uno de los momentos más sangrientos de la historia de la ciudad. Disfrazados entre la concurrencia del acto, se encontraban militantes armados del partido conservador, que luego de proferir algunos gritos comenzaron a disparar armas de fuegos contra los presentes (entre los que había niños y ancianos). La huida fue general y desordenada y el ataque dejó como saldo 9 ciudadanos heridos.
Con el correr de los años Bard fue revindicado tanto por River (donde volvió a ocupar un puesto dirigencial) como por el gobierno nacional (siendo nombrado funcionario en el área de salud durante el gobierno de Perón). Sin embargo en Necochea, pese a todas sus contribuciones a la ciudad, no existe aun prácticamente ninguna placa, plaza, o monumento que recuerde su nombre y ni siquiera los numerosos hinchas de River locales sospechan que su fundador alguna vez caminó por las mismas calles que ellos.







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