El empleo de tecnología avanzada facilitó una exploración minuciosa del submarino sumergido. Expertos están examinando componentes clave, como las escotillas y los periscopios. Además, aseguran que se arrojó chatarra intencionalmente para contaminar el entorno.
Se reveló la primera imagen de la expedición al submarino nazi encontrado cerca de Necochea las primeras evidencias indican que las piezas halladas son compatibles con un submarino alemán clase IX utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. Abel Bast, el investigador a cargo de la expedición Eslabón Perdido, reveló que se arrojó chatarra naval con el objetivo de contaminar el escenario y dificultar la investigación.
La exitosa localización de los restos se debe en gran parte a la colaboración de la empresa tecnológica DeepWater, que fue responsable de operar los dos ROV que exploraron meticulosamente los 80 metros de eslora del submarino sumergido. El uso de tecnología avanzada de sonar de barrido lateral e imágenes tomadas por estos vehículos operados remotamente ha proporcionado una visión clara del estado en que se encuentra el naufragio.
Las embarcaciones Kona y Calipso, ambas con base en el puerto de Quequén y matriculadas bajo los números 0316 y 03220 respectivamente, fueron esenciales para llevar a cabo la operación. Esta tarea meticulosa permitirá a los expertos analizar los datos obtenidos y ofrecer más detalles sobre las piezas registradas y el contexto general del sitio del naufragio.
El ingeniero naval Martín Canevaro, presidente del Consejo Profesional de Ingeniería Naval en ese entonces, fue uno de los primeros en examinar los restos. Confirmó que los elementos observados no correspondían a un barco, sino que eran claramente partes de un submarino. Este hallazgo es significativo, especialmente considerando el antecedente histórico de la llegada de submarinos nazis a Argentina después de la guerra.
Entre junio y agosto de 1945, apenas tres meses después de la rendición de Berlín, los submarinos U-530 y U-977 se rindieron en las costas de Mar del Plata, transportando a tripulantes nazis que buscaban refugio en Argentina. Existe incluso una teoría que sugiere que el U-977 podría haber trasladado a Hitler mismo, lo que ha alimentado el misterio y las especulaciones alrededor de estos eventos históricos.

La expedición Eslabón Perdido descubrió el submarino a una profundidad de 28 metros y a solo 4 kilómetros de la costa de Necochea. La operación fue tratada como una escena del crimen desde el inicio, bajo la sospecha de que el submarino fue intencionalmente destruido con explosivos para borrar cualquier evidencia de su llegada a las costas argentinas.
El Ministerio de Seguridad de la Nación, con la Dra. Patricia Bullrich a la cabeza, junto a Guillermo Giménez Pérez, Prefecto Nacional Naval, y Fernando Rodríguez, titular de la Prefectura en Quequén, ha proporcionado un respaldo continuo a la misión. Además, la financiación y apoyo logístico provino de la Fundación Reitich, bajo la dirección de Jaime Philippe Reitich Barón, quien expresó su entusiasmo por desvelar la verdad histórica: "Estoy muy entusiasmado de poder ayudar a conocer la verdad apoyando la Expedición Eslabón Perdido".
En diálogo con Diario Necochea, Martín Petersen, un historiador especializado en la región, destacó: "hasta el momento los diferentes indicios recolectados por el grupo sugieren la posibilidad de un naufragio nazi en nuestras costas aunque resta confirmarlo mediante fuentes primarias más exactas que las utilizadas hasta el momento". Este comentario refuerza la necesidad de una investigación más profunda para confirmar las hipótesis que rodean este misterioso descubrimiento.
La Prefectura Naval Argentina había autorizado inicialmente la filmación integral del casco del submarino. Las operaciones fueron llevadas a cabo meticulosamente utilizando dos ROVs operados por la empresa nacional Deepwater, dirigida por el ingeniero Carlos Pane. Los especialistas exploraron los 80 metros de eslora del naufragio, capturando imágenes detalladas que ahora son objeto de análisis por parte de un equipo de ingenieros y expertos.

Una Comisión Técnica Evaluadora, compuesta por los ingenieros Hernán Sotero González, Jorge Pereda y Martín Canevaro, está analizando las filmaciones para detallar las características del submarino. Andrés Cuidet y Canevaro, previamente, habían verificado que los restos correspondían a un submarino y no a un barco, identificando componentes típicos de sumergibles como escotillas y periscopios de ataque.
La supervisión técnica científica está a cargo del Dr. Fabio Bisciotti, de la Liga Naval Italiana, quien confirmó que se trata de un submarino alemán de la época de la guerra. Bisciotti mencionó que el casco fue destruido con explosivos, "posiblemente para borrar evidencias de la llegada de dicho U-Boot fugitivo a la Argentina", subrayando la importancia de una investigación meticulosa.
El reconocido criminólogo chileno, Gilberto Opazo, se ha unido al equipo para profundizar en la investigación de este posible delito. Además, la embajada de Alemania en Buenos Aires, a través de Constanza Corinagrato de la Sección de Política y Derechos Humanos, comunicó que no poseen indicios de que el naufragio pertenezca a un submarino alemán, declarando: "de momento no hay indicios de que se trate de un naufragio de un submarino alemán. Por lo tanto, actualmente asumimos que no somos los propietarios de ese naufragio".
Finalmente, la detección del submarino fue tan significativa que fue incluido en las cartas náuticas del Servicio de Hidrografía Naval argentino, etiquetado como “casco a pique”. Este procedimiento subraya la relevancia del hallazgo y la necesidad de estudios adicionales para esclarecer completamente los detalles del submarino. Además, tanto el concejo deliberante de Lobería como el de Necochea declararon a la expedición de interés público, reflejando el apoyo regional para esclarecer este enigmático capítulo de la historia marítima.








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