La plaza se dividió primero en dos y luego en cuatro manzanas, al ser atravesada por las avenidas 58 y 59.
El 26 de abril de 1929 marcó un antes y un después en la historia de la ciudad de Necochea. En esa fecha, se realizó la apertura de la plaza Dardo Rocha para dar lugar a la circulación de vehículos, un hecho que transformó no solo la fisonomía de la ciudad, sino también la vida cotidiana de sus habitantes.
La irrupción del transporte automotor en Necochea tuvo un impacto decisivo en la ciudad y en sus espacios públicos. La plaza Dardo Rocha, uno de los espacios verdes más emblemáticos del lugar, fue dividida en dos y luego en cuatro manzanas, al ser atravesadas por las avenidas 58 y 59. Este cambio en el diseño urbano fue un reflejo del avance tecnológico y del crecimiento demográfico que experimentaba la ciudad en aquel entonces.
La plaza Dardo Rocha es un lugar cargado de historia y simbolismo para los habitantes de nuestra ciudad. Su apertura al tránsito no solo modificó su estructura física, sino que también cambió su función social. De ser un espacio de esparcimiento y recreación, pasó a ser un punto neurálgico para el tránsito y la circulación de vehículos.
Según compartieron desde el área de Museos de Necochea, este hecho histórico es un ejemplo de cómo el avance tecnológico y el crecimiento urbano pueden transformar los espacios públicos y modificar las dinámicas sociales. La plaza Dardo Rocha es hoy un testimonio vivo de esa transformación, un espacio que guarda en su estructura las huellas del pasado y del progreso.
La historia de Necochea y de su plaza Dardo Rocha es un patrimonio que debemos valorar y proteger. Cada calle, cada edificio, cada plaza son testimonios de nuestro pasado, huellas de nuestra historia que debemos conservar para las futuras generaciones.







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