Carlos Miguel Britos ideó el proyecto como tributo familiar y espacio de oración. Marina Roso y Mónica Cuerbo diseñaron la obra de seis metros, que se inaugurará el viernes con apoyo municipal.
La mañana de hoy se vio marcada por un evento singular en la ciudad, ya que una imponente escultura del Sagrado Corazón de Jesús fue desplazada por las calles hasta llegar a su ubicación definitiva. Este acontecimiento es el preludio de lo que será la ceremonia de inauguración programada para el próximo viernes. La imagen, que captó la atención de propios y extraños, simboliza no solo una obra artística sino también un espacio pensado para la reflexión y la espiritualidad.
El vecino Carlos Miguel Britos fue quien dio vida al proyecto, logrando conjugar los esfuerzos necesarios para hacerlo realidad con el respaldo del municipio. Los trabajadores de Planeamiento y Obras Públicas serán los responsables de instalar esta obra que promete convertirse en un punto de encuentro para la comunidad.
Ubicada estratégicamente en la bajada del Puente Dardo Rocha, del lado de Quequén, más precisamente en 556 y 511, la escultura busca ofrecer un lugar de paz y meditación. La elección del sitio no fue casual, ya que se buscaba un entorno que complementara y potenciara el mensaje y el propósito de la pieza.
En palabras de Britos, "todo esto nació hace unos tres años", como un homenaje a sus familiares fallecidos y como legado para Quequén y sus habitantes. El deseo de crear un sitio donde prevalezca la oración y el encuentro ha sido una constante en su visión desde el inicio del proyecto.
Para llevar a cabo esta ambiciosa iniciativa, Britos contó con el talento de Marina Roso y Mónica Cuerbo, dos destacadas escultoras locales. Ellas fueron las encargadas de dar forma a este sagrado corazón que supera los seis metros de altura. Gracias a su habilidad y sensibilidad artística, han podido materializar una estatua que no solo impresiona por sus dimensiones sino también por su significado.
El lugar elegido para la escultura es descrito como un espacio idílico, rodeado de árboles y junto al Río Quequén, donde quienes busquen consuelo, quieran expresar gratitud o simplemente acercarse más a su fe encontrarán un ambiente propicio. La expectativa es que este nuevo monumento se convierta en un refugio espiritual tanto para los residentes como para visitantes que deseen compartir momentos de introspección y comunión.








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