Tony Janzen Valverde Victoriano, alias Pequeño J, declaró ante la justicia federal, desligándose de los asesinatos de tres jóvenes y detallando su huida, en una causa con doce detenidos y tres prófugos.
Tony Janzen Valverde Victoriano, un joven de 20 años conocido como Pequeño J, amplió su declaración indagatoria ante el juez federal N° 2 de Morón, Jorge Rodríguez. En su testimonio por vía virtual desde el complejo penitenciario de Marcos Paz, el imputado deslindó su responsabilidad en el triple crimen de tintes narcos que conmocionó a la región y pidió disculpas a los allegados de las víctimas. La investigación judicial por el asesinato de Brenda Loreley del Castillo, de 20 años, Morena Verdi, de 20 años, y Lara Morena Gutiérrez, de 15 años, cuenta actualmente con 16 sospechosos totales en la órbita de la causa, de los cuales 12 terminaron detenidos (seis de nacionalidad peruana y seis argentinos) y tres permanecen prófugos con circulares rojas de Interpol. Los cuerpos de las jóvenes aparecieron enterrados con signos de tortura y mutilaciones seiscientos días después de su desaparición física en una vivienda de la localidad de Villa Vatteone, en el partido de Florencio Varela. La principal hipótesis del móvil radica en una presunta venganza armada por el robo de 5 kilogramos de cocaína que habría realizado la hermana de la menor de las víctimas.
A pesar de que el expediente penal arrancó en la justicia ordinaria bajo la intervención de los fiscales Gastón Duplaá y Adrián Arribas, de la Unidad Funcional de Instrucción de Homicidios de La Matanza, la causa se derivó al fuero federal debido a la envergadura de la organización delictiva. Los funcionarios del ministerio público consideraron que “la muerte de Brenda Loreley del Castillo, Morena Verdi y Lara Morena Gutiérrez, no constituyen un episodio homicida aislado (...) por el contrario, se halla revestido de una compleja [trama vinculada al narcotráfico]”. Para la acusación, existió “una convergencia intencional (delineada y planificada) previamente establecida (...), obrando de modo seguro, a traición, y sin posibilidad de defensa, es que con claras intenciones de causar la muerte”. Esta trama de violencia extrema se inscribió en un preocupante marco estadístico nacional: durante el período 2024 el Registro Nacional de Femicidios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación reportó un femicidio cada 39 horas en el territorio argentino, mientras que la organización no gubernamental La Casa del Encuentro contabilizó 164 víctimas fatales en los primeros ocho meses de 2025, configurando un escenario de narcofemicidios y homicidios criminis causa.
La declaración de Pequeño J
Durante su exposición ante las autoridades, Valverde Victoriano relató los pormenores de su estadía en el país, adonde arribó de forma ilegal en octubre de 2024 cruzando la frontera desde Bolivia hacia la región de Jujuy. El acusado afirmó que eligió la Argentina motivado por costumbres locales como el locro, los asados, los ñoquis, la fisonomía del Obelisco y su admiración por la Selección de fútbol debido a Lionel Messi. Luego de viajar en micro hacia la Terminal de Retiro, se instaló en el barrio porteño de Zabaleta siguiendo las recomendaciones de personas a las que consultó por un alquiler. En ese asentamiento subsistió los primeros meses como vendedor ambulante comprando indumentaria, boxes y chalinas en el predio ferial de La Salada. A los tres meses de su llegada, se topó de forma casual con Miguel Ángel Villanueva Silva, de 25 años, un conocido de su ciudad natal de Trujillo, Perú, a quien los integrantes de la estructura criminal apodaban Julio, Gonzalo o Gato. Villanueva Silva le ofreció empleo como ayudante a inicios de 2025, un espacio donde también conoció a una mujer llamada Celeste, quien empezó trabajando como empleada y luego formalizó una relación sentimental con el jefe.
El imputado detalló la secuencia de acontecimientos previos al triple homicidio y precisó el momento exacto en el que conoció a las víctimas. Explicó que el 6 de septiembre del año pasado su jefe le ordenó trasladarse al barrio de Flores para recibir a un hombre apodado El Gordo y buscar a unas jóvenes, oportunidad en la que entabló contacto por primera vez con Morena y Lara. Una semana posterior a ese encuentro, se repitió la directiva para concurrir a un boliche de la misma zona comercial, enterándose allí de que organizarían una fiesta. El 18 de septiembre, a pocas horas de concretarse la matanza, Villanueva Silva llamó a Pequeño J para indicarle que fuera a la localidad de Quilmes a buscar personas para llevarlas a la casa de Florencio Varela. Al arribar a la propiedad de Villa Vatteone junto a El Gordo y un joven apodado Nero, Valverde Victoriano presenció cómo El Gordo caminó hacia el patio y le indicó a Villanueva Silva que al costado de la parrilla “iban poner las cosas”. Acto seguido, los sospechosos coordinaron la instalación de dos parlantes con música a alto volumen para tapar ruidos sospechosos, asegurando Miguel Ángel y Celeste que los vecinos del barrio no generarían inconvenientes.
La noche del crimen
En lo que respecta a la jornada del 19 de septiembre, fecha en la que se perpetraron los crímenes, el acusado declaró que su jefe lo contactó por teléfono por la mañana para encomendarle que acompañara a El Gordo a un garage a comprar un automóvil. De acuerdo con la versión exculpatoria brindada por Pequeño J, esa noche regresó a su domicilio particular, consumió pollo que compró en un local gastronómico peruano, se entretuvo con el videojuego Street Fighter y se acostó a dormir. Ya en la madrugada del sábado 20 de septiembre, ingresaron a la vivienda Nero y Matías Agustín Ozorio, un coimputado de 28 años mencionado inicialmente como Osorio. Mientras el primero se acostó de inmediato, Ozorio se higienizó y cambió de indumentaria debido a que traía sus ropas totalmente mojadas. Valverde Victoriano aseguró que en ese instante Ozorio intentó entregarle un arma de fuego para que la ocultara en la casa de su novia Micaela, petición que rechazó manifestando que no quería problemas. Horas más tarde, el joven se trasladó por sus propios medios a la residencia de su pareja y descubrió el caso a través de los medios de comunicación, momento en que los periodistas difundieron su nombre y el de Ozorio como presuntos autores de la masacre.
La huida de Pequeño J
La aparición de su fotografía en las crónicas policiales le provocó a Pequeño J mucho miedo y confusión, lo que motivó una conversación con Ozorio para coordinar la huida inmediata hacia la República del Perú. Ambos abordaron un servicio de remís desde la localidad de José C. Paz con destino a Bermejo, punto geográfico donde cruzaron la frontera internacional en un bote. Durante el trayecto de escape, el sospechoso le envió un mensaje de texto a su novia con directivas precisas: “Está la pistola, escondela en el colchón y la maleta de tu tío quemala”. Al arribar a territorio peruano, Valverde Victoriano le recriminó a Ozorio la gravedad de los hechos y le negó alojamiento en la vivienda de su madre. La travesía continuó cuando el imputado le pagó en efectivo la suma de 300 dólares a un chofer de camiones para que lo trasladara hacia Lima, viaje que quedó trunco a fines de septiembre al ser arrestado por las fuerzas de seguridad en la localidad de Pucusana. Por recomendación de su asistencia legal, el detenido aceptó el proceso de extradición pasiva argumentando que la situación en Argentina estaba caliente y temía por su integridad física, permaneciendo alojado durante siete meses en el establecimiento penal de Cañete hasta su traslado definitivo al país a comienzos de mayo.
La declaración final
En el tramo final de su declaración virtual, el procesado manifestó su pesar a los familiares de Brenda, Morena y Lara, ratificando su ajenidad respecto a las muertes. Asimismo, eximió de culpa a sus tíos, Manuel David Valverde Rodríguez y Luis Alan Valverde Rodríguez, quienes de este modo resultaron involucrados en el expediente tras un allanamiento habitacional. Según el testimonio de Pequeño J, el hallazgo de los documentos de identidad de sus familiares se debió exclusivamente a que los mismos quedaron guardados en la propiedad desde el momento en que sus tíos viajaron a la República Oriental del Uruguay con el objetivo de tramitar la documentación de residencia legal. Por su parte, la defensa técnica de los imputados basó su estrategia en desacreditar la franja horaria establecida por la fiscalía para la ejecución de los homicidios y afirmó: “En el momento en que estaban matando a las chicas, ellos estaban pagando un peaje en Dock Sud. Si después fue a buscar a alguien en la casa, lo hizo después del crimen. No hay delito, entonces”. La resolución del caso y el deslinde de las responsabilidades individuales quedaron en manos del juzgado conducido por Rodríguez.
Los principales acusados
La nómina de los principales acusados bajo la lupa judicial se compone de la siguiente manera:
- Tony Janzen Valverde Victoriano, alias Pequeño J, de 20 años de edad, extraditado desde Perú tras mantenerse prófugo.
- Miguel Ángel Villanueva Silva, de 25 años de edad, sindicado como jefe de la estructura y conocido bajo los alias de Julio, Gonzalo o Gato.
- Matías Agustín Ozorio, de 28 años de edad, imputado que acompañó a Valverde Victoriano en la fuga a través de la frontera norte.
- Manuel David Valverde Rodríguez y Luis Alan Valverde Rodríguez, tíos del principal imputado, cuyos documentos fueron secuestrados en los procedimientos.








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