Distintos grupos locales organizaron campañas de violencia, plagio y difamación para silenciarnos, mientras estas maniobras avanzan con total impunidad ante la mirada pasiva de quienes deben garantizar la libertad de expresión.
Hoy, 7 de junio, la celebración del Día del Periodista nos encuentra en Necochea y Quequén frente a un escenario que exige reflexión y mucha firmeza. En una ciudad donde gran parte de quienes se autodenominan comunicadores transformaron el oficio en una maquinaria de aprietes, extorsión y negocios espurios, el ejercicio de la información atraviesa un momento crítico. Quienes conformamos esta redacción entendemos que el periodismo real es aquel que investiga con pruebas verificables, manteniendo una línea editorial que no se vende ni acepta favores de ningún funcionario.
En los últimos meses, el trabajo diario de informar chocó contra maniobras coordinadas que buscan silenciar nuestra voz mediante campañas de desprestigio en plataformas digitales. Resulta alarmante observar cómo estos grupos operan con recursos sincronizados y, en ocasiones, con aparentes facilidades logísticas y de información que sugieren una preocupante cercanía con áreas del administrativo local. Esta situación expone un nivel de persecución sobre nuestros movimientos que resulta inaceptable en democracia, especialmente cuando ocurre ante la mirada pasiva de autoridades que, aun conociendo estas metodologías extorsivas y plagio, permiten que estas figuras operen con total impunidad en la ciudad.
Lamentablemente, la hostilidad superó hace tiempo la barrera de las redes sociales para materializarse en episodios de violencia física directa. Quienes investigamos y exponemos la realidad local padecimos agresiones concretas y premeditadas. Hoy resulta necesario revelar ante la comunidad que sufrimos ataques cobardes y oportunistas. Un ejemplo fue cuando estos agresores aprovecharon un siniestro vial para proferirnos golpes y amenazas de muerte en un momento de absoluta vulnerabilidad. Ante semejante escenario, radicamos la denuncia correspondiente en la Comisaría Tercera y la Justicia ya emitió las respectivas órdenes de restricción contra estos violentos para resguardar nuestra integridad. Este episodio, sumado a las intimidaciones que vivimos mientras realizábamos tareas técnicas de investigación en pleno espacio público, deja al descubierto un claro patrón de persecución que busca amedrentar a quienes no responden a sus intereses. A pesar de haberle comunicado todos estos hechos de forma directa al intendente, su postura fue la indiferencia absoluta y no tomó ninguna medida al respecto.
Frente a este contexto, donde la violencia y la difamación intentan silenciar a quienes buscan la verdad, nuestra respuesta siempre será el periodismo. La sociedad cuenta con la memoria y la capacidad para distinguir entre los espacios que operan mediante la coerción y aquellos que brindan un servicio transparente. Renovar nuestro compromiso ético en esta fecha significa no retroceder ante los aprietes y garantizar que la información siga llegando a los vecinos de manera clara, libre y objetiva.








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No se puede permitir hechos de intimidación o violencia contra los periodistas, que realizan desde las redes sociales inescropulosos muchas veces escondidos bajo nombres falsos o seudónimos. Los periodistaa cumplen con el importante rol de mantener informados al público. Por eso se hace necesario repudiar siempre estos hechos vergonzos que salen a la luz. Debemos defender la libertad de expresión y que la Justicia actue de oficio al tener conocimiento de esos hechos. Asimismo invito a autoridades municipales, concejales y público a expresarse libremente sobre el tema.