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Publicado: 07 de noviembre de 2018
Tiempo de lectura: 2 minutos, 19 segundos
@diarionecochea


¿Realmente es el cobre la llave a una economía baja en carbono?


Posicionar al cobre de cara a la opinión pública en el centro de la transición a una economía baja en carbono gracias a las energías renovables es una meta prioritaria de la industria multinacional minera y del cobre.

Sin cobre no hay electricidad

Donde se produzca electricidad, se necesitará transportarla y en toda la infraestructura necesaria para ello habrá cobre. Contienen cobre generadores, transformadores y cables. La energía renovable también necesita cobre, incluso en mayor cantidad. Los vehículos eléctricos requieren de cuatro a cinco veces más cobre que los de combustibles fósiles. Un coche puede tener hasta seis kilómetros de cableado en cobre. También los molinos eólicos y los paneles solares contienen cobre. Hasta 30 toneladas de cobre pueden formar parte de uno sólo de los molinos terrestres más grandes. Lo mismo para las turbinas eólicas marinas de alta potencia (offshore) que requieren además cable de cobre que los conecte a la costa.

Nueva minería del cobre para la transición energética

La transición energética requiere entonces miles de toneladas de cobre porque este material forma parte importante de muchas de las infraestructuras para las energías renovables al ser el mejor conductor de energía y calor.

Hoy, los vehículos eléctricos demandan menos del 1 % del cobre. Para 2027, la demanda anual de cobre para el transporte eléctrico podría ser de más de un 6%, de en torno a 1 millón 740 mil toneladas (1). Todo este cobre se va a tener que sacar de las minas en algún lugar y luego habrá que transportarlo y procesarlo industrialmente y volverlo a transportar.

Expertos de turno están haciendo de embajadores de las bondades de industria minera del s. XXI, desde la academia y la política, obviando los impactos socioambientales sobre los territorios donde se localizan los nuevos proyectos mineros, y obviando sobre todo la opinión de las comunidades afectadas, quienes al final saben mejor lo que se les viene encima que los supuestos expertos a sueldo de las mineras, cuyo mandato único es recortar costes y aumentar beneficios.

A pesar de los esfuerzos de la industria por afirmar lo contrario con los argumentos más peregrinos, desde el punto de vista ecológico ningún proyecto minero es de verdad sostenible. He llegado a ver que hablan incluso de “metales verdes” aludiendo a una supuesta amigabilidad ambiental. Impactos ecológicos graves son inevitables en todo proyecto minero. La actividad que implica riesgos sobre el agua, la tierra y el aire. Y hay que reconocer, que desde el punto de vista social, ningún proyecto minero que está siendo duramente cuestionado de alguna manera por las comunidades afectadas puede tampoco decirse sostenible.


@ecoportal