Salud
Publicado: 03 de diciembre de 2018
Tiempo de lectura: 11 minutos, 53 segundos
@diarionecochea


"Receta fácil": crece la venta de psicofármacos en el país y conseguirlos es sencillo


En los últimos años el consumo de ansiolíticos ha subido notoriamente en la Argentina. Pastillas para dormir, para superar traumas, para controlar ansiedades, ataques de pánico y para maquillar tristezas...

Hoy unos 9 millones de argentinos consumen psicofármacos (clonazepam, alprazolam, lorazepam y diazepam), según cifras del sector. Lo hacen con la ilusión de combatir la depresión, la ansiedad y la angustia, temidos cucos de este siglo XXI. Los compran vía receta archivada, como corresponde, pero también está el mercado negro, que estiman en un 15 por ciento y en el que su caballito de batalla es Internet. Pero también los venden algunos kioscos, supermercados chinos y ferias.

Días atrás, en Mercado Libre un usuario ofrecía: “Vendo pastillas de Alplax tras fin de tratamiento”, que terminó siendo borrado por quien controla lo que se publica. Y un consumidor de clonazepam admitió a Clarín haber comprado “varias veces” por Amazon.

Según el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), el consumo de psicofármacos subió el 40 por ciento desde 2013 hasta la actualidad. Hace cinco años se compraban 89 millones de unidades y este año rondará los 130 millones. A la vez, desde la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) aseguran que en el último lustro hubo una suba, pero del 10%, y se calcula que en 2018 la venta trepará a 40 millones.

Las diferencias radican en que COFA sólo abarca farmacias a nivel nacional, mientras que SAFYB cubre obras sociales, laboratorios, clínicas privadas, hospitales, licitación directa y, además, hace un cálculo del ascendente tráfico en Internet, un segmento cada vez más insondable.

“El aumento del comercio ilegal, en espacios donde no hay control, se debe a los altos costos de los medicamentos en las farmacias. Se recurre cada vez más a Internet, a la venta callejera, sin medir los riesgos”, afirma Marcelo Peretta, titular de SAFYB, que no duda: “El argentino es muy pastillero, sin importarle el riesgo”.

La ANMAT tiene en la mira la venta ilegal de fármacos. “La creciente oferta de medicamentos por Internet preocupa a las autoridades sanitarias de todo el mundo debido a que, en esas circunstancias, no puede garantizarse debidamente la calidad de los productos”, advirtió la entidad.

Pero, ¿cómo funciona en Internet? “Por ejemplo googleás Rivotril y aparecen como veinte páginas que lo ofrecen. Comprás con la tarjeta y un delivery te lo lleva a tu casa como si fuera una grande de muzzarella”, revela Peretta.

Según los médicos y psiquiatras con los que se contactó Clarín, la mira está puesta -como sea- en la píldora salvadora, lo que expone crudamente la complejidad de una época, muy cuesta arriba laboral y económicamente. “Pertenecemos a una sociedad de ansiosos y preocupados. Hay una sensación de frustración muy fuerte en nuestra gente”, es el pensamiento general.

Para la psiquiatra María Teresa Calabrese “estamos inmersos en una cultura que quiere la solución inmediata de los problemas. Y lo que noto con preocupación en estos últimos años es que se medicalizan los sentimientos. ¿Cómo? Que la gente quiere un calmante rápido y no averiguar por qué está triste”.

Mal de época. El uso de psicofármacos, sin indicación médica en personas mentalmente sanas, se está convirtiendo en una peligrosa costumbre social.

Mal de época. El uso de psicofármacos, sin indicación médica en personas mentalmente sanas, se está convirtiendo en una peligrosa costumbre social.

El médico José Eduardo Tesone también cuestiona el uso masivo de psicofármacos como respuesta a un pedido de solución milagrosa. “La persona no busca más solucionar sus conflictos, sino suprimir los síntomas, y el médico actúa de espejo ante el requerimiento del paciente. ¿Por qué? Por una cuestión de facilismo, por no querer perder el tiempo”. Docente de la Universidad París XII, Tesone sostiene que “la angustia es el malestar que psiquiatras y psicólogos tratamos por excelencia. Pero a la angustia hay que elaborarla y desmenuzarla para ir al hueso; sin embargo, la mayoría de pacientes y médicos prefieren no perder tiempo. Si yo prescribo un ansiolítico, estaría jugando al avestruz con el paciente, minimizando el trabajo de averiguar cuál es la problemática de fondo".

Calabrese y Tesone observan que muchos psiquiatras, pero también médicos clínicos y traumatólogos “prescriben con facilidad psicofármacos para calmar la demanda, pero hay pocos realmente formados. Los recién recibidos piensan que están en condiciones de atender y medicar, y no es así. Es una profesión que necesita mucha capacitación porque está comprometida la salud mental”. Avala la psiquiatra Elsa Wolfberg, que acota: “Sólo el 5% de las indicaciones de psicofármacos las hacen los psiquiatras. El resto surge de clínicos, traumatólogos y ginecólogos y, también, muchos pacientes se automedican”.

Presidente de la Asociación de Psiquiatras de Argentina, a Juan Cristóbal Tenconi no le extraña el elevado consumo de ansiolíticos. “Se los toma como si fueran caramelitos y esto tiene que ver con una cierta naturalización y facilitación. O un amigo que consigue la receta o el farmacéutico que hace el favor, o hasta el clínico que te allana el camino. Acá te dicen medio en broma medio en serio clavate un rivo y listo. No es joda”.

Tenconi es de los que busca sonsacarle al paciente los motivos de su malestar, angustia o insomnio. “Pero sucede que a muchos les molesta indagar, porque lleva tiempo y dedicación, por lo que piden directamente la medicación. Ahí es cuando el profesional debe mantenerse fuerte”.

Asiente Tesone, que redobla la apuesta: "Muchos pacientes no desean rever sus vidas y sus relaciones, porque quizás, verse las caras con esos vínculos pueden provocarles temor y angustia. Entonces piden psicofármacos para decapitar el síntoma, sin saber realmente si es la mejor opción".

¿Cómo se percibe a un profesional inexperto? "Cuando un paciente se autodenomina deprimido e inmediatamente se le receta un antidepresivo. Error: no está deprimido en la mayoría de las veces, lo que tiene es tristeza y la tristeza se cura sola cuando el propio paciente se conecta con la emoción y no taponarla con medicación", concuerdan.

Son tiempos en los que se exacerba la intolerancia a la frustración, ​por eso la Argentina se ha transformado “en una sociedad que medica los sentimientos”, coinciden especialistas.

El psiquiatra Oscar Paulucci habla de “ayuda secundaria” para referirse a los ansiolíticos, “pero que no resuelven la problemática del sujeto, que puede estar atrapado en una angustia desbordante o una depresión severa. El medicamento actúa colaborando con lo que es lo primordial, que es encarar de un modo menos padeciente las formas sintomáticas de su malestar”. Para Paulucci “hay que saber diferenciar lo que es el alivio inmediato de la resolución profunda del problema. El psicofármaco es sólo un atajo para alcanzar la calma, nada más”.

Wolfberg hace saber que receta psicofármacos “sólo cuando la persona no está pudiendo pensar, entonces la prescribo para que recupere su capacidad reflexiva y pueda seguir la psicoterapia”.

Todos los consultados reflexionan que no hay que demonizar a los psicofármacos, que pueden resultar de mucha utilidad en algunos cuadros complejos. "No son ni Dios ni el diablo. Sólo hay que pensarlos como un coadyuvante útil en la historia de la psiquiatría para ayudar en ciertas situaciones particulares", puntualiza Paulucci.

Los entrevistados no vacilan en que prima la inmediatez y hay menor capacidad reflexiva. Tampoco se buscan hacen replanteos más profundos. "Y cuando la angustia no se la logra controlar ni tampoco se la trabaja, es el cuerpo el que paga el disgusto", bajan el telón.

​Una de las mayores contraindicaciones de consumir ansiolíticos es que puede generar un hábito. "La dependencia puede producir adicción y, luego, lo que se llama tolerancia, que es cuando se necesita más dosis para producir el mismo efecto", explica el doctor Tesone. 

¿Cómo se calma el síndrome de abstinencia? "Es sencillo. Hay que ser riguroso y cuidadoso cuando se van bajando las dosis, y cambiar la medicación bajándola. Hay muchos recursos para que no se produzca o sea lo más leve posible. Es una responsabilidad de doble vía, no exclusivamente del profesional", responde la doctora Calabrese cuando se le cuenta que hay pacientes que les echan la culpa por la facilidad a la hora de prescribir un psicofármaco.

¿Cómo evitar la temida dependencia? "Por un lado es vital advertir sobre los riesgos de la automedicación, por otro, todo tratamiento psicofarmacológico debe estar guiado por un profesional habilitado para tal fin", remarca Paulucci, quien trabaja bajo la premisa de la deshabituación de los medicamentos. "Estoy de acuerdo que en los momentos agudos se pueda necesitar una ayuda, pero a medida que se vayan resolviendo los conflictos, el consumo de psicofármacos debe reducirse".

Eliana Horawa, de 36 años, casada hace dos, está despidiendo los últimos estertores de una abstinencia que la zamarreó luego de consumir clonazepam y lorazepam, "recetados por psiquiatras", aclara. "Más allá de lo que cada uno diga, hay algo objetivo, empírico: ningún psiquiatra te habla de los efectos secundarios de la medicación. Que no se diga, y que además se niegue, es algo grave".

Horawa, que vive en Barrio Norte, es contundente: "Un psiquiatra es un ser humano, falible e imperfecto, pero ellos se creen los dueños de la verdad y el sistema nos impone a creer en eso: ante cualquier duda, consulte a su médico", ironiza. 

Mastica bronca Eliana al darse cuenta de que no era consciente de la dependencia hasta que empezó a tener problemas para dormir. "Tomé clonazepam de 1 mg durante diez años y cuando lo dejé fue una locura. ¿Síntomas? Insomnio muy severo, ataques de pánico, ansiedad, pensamientos obsesivos, recuerdos intrusivos, depresión, problemas musculares, mareos, sensaciones de calor extremo, de falta de aire, ataques de alergia... ¿Sigo?".

Técnica en dirección de cine, Eliana cuenta que no trabaja porque aún sufre leves episodios de insomnio, ansiedad y depresión. Ella siente que la psiquiatría es un gran negocio, "que prospera ante la desesperación del otro, como fue mi caso. En mi caso la medicación tapó síntomas, solamente, no me curó. Y lamento haber sido tan frágil de haber recurrido en tres etapas de mi vida a buscar la solución en una pastilla, cuando hoy, a la distancia, advierto que no era lo indicado. Pero la desesperación me llevó al consumo".

Horawa empezó con los ansiolíticos en 2007 por problemas de sueño y concluyó en mayo de 2017, sin apoyo psicológico y sin saber cuánto durarían los síntomas. "En agosto volví a tomar cada dos o tres días durante un mes y medio, hasta octubre de 2017, cuando dejé fue cold turkey, o sea, de una, sin reducción  y empeorando todos los síntomas que no se habían ido

Eliana agradece el apoyo incondicional de su marido ruso, quien sin entender bien los motivos de los altibajos de su mujer estuvo siempre a su lado. "Durante el síndrome de abstinencia hacer cosas, sentirse mejor, distraerse, dormir, no tener algún de padecimiento físico no es posible. No podés escaparte de eso, el tiempo cuando no dormís es eterno".

Y socialmente es complicado, cuenta Eliana. "Te aislás mucho porque te sentís mal y porque es muy difícil que tus amigos te entiendan si nunca pasaron por algo similiar. A mí, cada vez que se lo conté a alguien, me recomendaban muchas alternativas naturales para inducir el sueño, desconociendo todo el aspecto no volitivo que tiene la cuestión".

Finalmente, remarca lo estigmatizante que es ser un paciente psiquiátrico. "Ser etiquetado así te hace perder credibilidad ante los demás. Y qué mejor que aislar o desacreditar a una persona que a través de la supuesta locura. Al loco no se le cree y se lo aparta, se lo anula. Por eso muchos pacientes prefieren no dar su testimonio".