Opinión
Publicado: 08 de febrero de 2019
Tiempo de lectura: 3 minutos, 22 segundos
@diarionecochea


Enredados en las redes


Arden las redes, pero arden como un fósforo. Se encienden de una simple fricción, explota una llama, se hace intensa y se desvanece hasta morir. El proceso produce cierta fascinación, pero es tan efímero, tan fugaz, que necesita enseguida de otro fósforo para repetir el ciclo. Y es cierto que gran parte de los que están en ese momento en el bar ni siquiera se enteraron de que el fósforo ardía al otro lado de la barra.

Ahora resultó que Jorge Lanata va a hacer una serie sobre la corrupción K. A los K no les gustó y salieron a decir en masa -en la masa efímera y fascinante de las redes- que se borrarían inmediatamente de Netflix.

Nadie había dicho que la serie saldría por Netflix; salvo el escritor Mempo Giardinelli en Página 12, que escribió que la TV, el cable y Netflix "como sistema planetario, son la garantía de engaño a los pueblos".

Sin corroborar nada, el fósforo comenzó su proceso y todos contra Netflix y contra Lanata porque no quieren que uno pase lo que el otro haga.

Si no les gusta el contenido no es que no lo miran; se van del medio que lo pasa. O dicen que se van y después vemos. La realidad es como ellos la ven, y que trine el escarmiento sobre los que la ven distinta. Ya vimos a los que ven la realidad así. Se llamaban 6, 7, 8.

Acto seguido, Netflix salió a aclarar que ellos no están involucrados "de ninguna forma" en la serie de Lanata.

O sea, un gigante del entretenimiento mundial hizo un comunicado -también en las redes y con tono, digamos, acorde- para aclarar lo que nadie había corroborado.

Siguió Lanata: "Netflix se equivocó haciendo el comunicado. Hay distintos cursos de redes sociales; tomen alguno".

Les contestó a los que les contestaron a los que decían lo que no era.

Las redes nos enredan.

Las redes son un espacio extraordinario de intercambio inmediato, al mismo tiempo que el escenario de cualquier intifada espontánea o programada.

Somos geniales para los que están de acuerdo con nosotros y una basura putrefacta al fondo de un pantano para los que, bueno, disienten.

En las redes hay que andar con armadura, pero ni eso alcanza. Es habitual que, si no estamos en la vereda de los que nos ven pasar, bomba.

A las redes argentinas hay que sumarle la particularidad de la grieta. No son redes de protección para evitar que caigamos al abismo sino cuerdas anudadas que, si pueden, se nos enroscan al cuello para empujarnos a él.

Los que se indignan por la serie de Lanata que todavía ni se filmó no muestran ninguna indignación con el robo de los millones asentados en cuadernos que ellos llaman, risueños de sí mismos, “fotocopias”. Murió gente por las rutas y los trenes deplorables pero lo que molesta es una película.

No los hechos sino el mensaje. No lo que pasó sino que se lo cuente. Y de nuevo, bomba.

Un signo de época: recordemos que si no había cifras de inflación significaba que no aumentaban los precios y si no se daban estadísticas de inseguridad no había robos. Una sensación no es certeza, después de todo.

Las redes dan muchas veces la sensación de regular los debates sociales. No es así, aunque una parte de esos debates pasan por allí en sus versiones más pendencieras. El bardo es trending topic y sí, lo veremos seguido.

Bienvenidos al año electoral.