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Publicado: 08 de febrero de 2019
Tiempo de lectura: 1 minutos, 24 segundos
@diarionecochea


Consumismo, la mala madre de muchos de nuestros males


Consumo es una palabra que deriva del latín: cosumere y cuyo significado es gastar o destruir. Una vez que algo ha sido consumido, cualquiera sea el producto, entendiendo por consumir el hecho de gastar o destruir para satisfacer necesidades o deseos, ese “algo” dejará de existir, al menos con sus características originales. Entonces, se convertirá parte en un residuo y parte en una necesidad satisfecha o, en el peor y mas común de los casos, en un deseo cumplido.

Casi todos los procesos de destrucción ambiental comparten una misma causa: el consumo excesivo e irresponsable.

En la sociedad de consumo en la que vivimos, todos y cada uno de nosotros jugamos un doble papel. Somos víctimas y victimarios.

Recibimos cada minuto desde que abrimos nuestros ojos por la mañana, hasta que los cerramos por la noche, un constante bombardeo de la industria publicitaria que nos incita a consumir, que intenta generarnos nuevas adicciones, necesidades, deseos. Que prácticamente nos obliga a consumir productos y servicios cuya gran mayoría son para nosotros totalmente innecesarios.

Pero también permitimos que eso suceda, porque si bien hay casos en los que las opciones son bastante complicadas de conseguir, o son antieconómicas o de baja calidad, también son muchos los casos en los que mansamente, como corderos de un rebaño, nos “dejamos convencer” por el anuncio publicitario.

El modelo industrial-consumista ha conducido a que las economías de los países mas pobres dediquen gran parte de sus recursos, humanos y naturales, a la satisfacción del enorme consumo de las sociedades más industrializadas, incluso dejando de satisfacer las necesidades fundamentales de sus propias poblaciones.


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