Alejandro Borensztein
Publicado: 31 de marzo de 2019
Tiempo de lectura: 7 minutos, 2 segundos
@diarionecochea


Seguiamo tutti nervosi, anche il Gatto


Antes que nada, amigo lector, comparto con usted la satisfacción de haber llegado a la columna dominical número 500, sin pretensión de autobombo. Simplemente 11 años y 500 columnas tratando de ponerle un poco de onda a esta catástrofe que supimos conseguir.

Pero también 11 años y 500 columnas repitiendo una y otra vez la misma gansada de siempre: subordinación a la ley, división de poderes, construcción de una República como única manera de organizarnos para convivir, crecer y alcanzar algún nivel de bienestar, y políticas de Estado a mediano plazo con acuerdos políticos para implementarlas. O sea, 11 años y 500 columnas fracasando olímpicamente.

Durante muchos años, todo este verso no era tan explícito porque uno estaba más focalizado en ver si había alguna chance de evitar la destrucción de nuestra democracia. Pero desde que en 2015 se fueron los chavistas y nos relajamos, la tarea de evangelizar sobre la necesidad de acuerdos políticos se hizo más insistente. Inútilmente insistente. Estoy seguro de que cuando llegue el segundo semestre me van a dar más bola.

La primera nota salió un domingo 29 de junio de 2008 y se llamó “Siamo tutti nervosi, anche il gatto”. El título aludía al estado de nervios en el que vivíamos luego de la crisis del campo, la 125 y el voto no positivo de Cobos.

Aquellos días de furia, gritos, insultos y ataques cruzados desde todos los sectores llegaron para quedarse. Sin darnos cuenta se acababa de abrir la famosa grieta, una de las pocas cosas exitosas que hicimos los argentinos en el siglo XXI.

La frase original que inspiró el título de esa primera nota era “In questa casa siamo tutti nervosi, anche il gatto” y la saqué de un cuadrito que mi viejo había colgado en un pasillo de casa, cuando yo era chico. Reflejaba exactamente el espíritu familiar. Muchos años después me sirvió para reflejar el espíritu del país. Hoy está más vigente que nunca, incluido lo del Gato.

Comentario al margen, cuando mi viejo colgó ese cuadrito jamás imaginó que con los años íbamos a tener un presidente al que llamaríamos “el Gato”, y que ese presidente iba a ser Mauricio Macri, el hijo de Franco. Mucho menos se hubiera imaginado que el tipo iba a llegar a la Rosada ganándole un ballotage a Daniel Scioli, el de la lancha, el hijo de Scioli. Y muchísimo menos aún hubiera pensado que, tiempo después, uno de los principales opositores con pretensiones de candidato iba a ser Marcelo Tinelli, el de Ritmo de la Noche. Mi viejo llegó hasta Menem, que ya de por sí era difícil de creer como para poder imaginar la locura que nos esperaba.

Todo este disparate nos parece normal porque, después de doce años de delirio kirchnerista, ya estamos acostumbrados a ver cualquier cosa. Pero para alguien que se murió hace 23 años, ver esto desde el cielo debe ser asombroso.

De aquellos nervios de 2008 llegamos a estos nervios de 2019 que ya nos hacen la vida francamente insoportable, a veces llegando al absurdo.

Por ejemplo, esta semana se conoció que hay un grupo de whatsapp de taxistas y pasajeros kirchneristas. Se llama “Solo viajes K”. Juro que esto es posta (hace 11 años que me la paso jurando que las cosas increíbles que nos suceden son posta). Es un grupo de taxistas kirchneristas que llevan pasajeros kirchneristas. El organizador del grupo aclaró que también llevan pasajeros no kirchneristas porque según dijo “si solo lleváramos kirchneristas nos moriríamos de hambre”. Ya de por si, esto nos da una pista de como viene el kirchnerismo para las próximas elecciones.

Si yo fuera uno de esos tacheros aprovecharía la grieta y armaría también otro grupo que se llame “Solo viajes anti K”. De ese modo, cuando te llama un macrista, sacás la foto de Gardel, ponés la de Mauricio y llevás al pasajero gorila con Spotify al palo escuchando “Ciudad Mágica” de Tan Biónica.

En cambio, cuando te sube el K, sacás el gato de la luneta, colgás la estampita de Néstor y ponés música de Copani a todo lo que da. Ahí podés medir el grado de lealtad que tiene ese pasajero para la liberación. Posiblemente el tipo te diga que está todo bien o por ahí le agarra un ataque de locura y te dice: “yo estoy a muerte con Cristina pero por favor no me lleves de acá hasta Boedo escuchando “Cuanta mina que tengo” porque me tiro del taxi en Díaz Vélez”.

En el vértigo de esta locura perdimos la capacidad de entender la esencia del problema que nos divide.

Quienes creen que la grieta es entre kirchneristas y macristas se equivocan. En realidad, la grieta es anterior al macrismo. Cuando en 2008 Cristina habló por cadena nacional de los piquetes de la abundancia, del yuyo, de las 4x4 mientras Moreno le hacía a Lousteau aquel gesto de degüello apoyado por los chicos de Carta Abierta, todavía no existía Macri. El tipo era un primerizo en la política, venía de Boca y acababa de ganar la jefatura de gobierno de la ciudad. No jugaba en las grandes ligas.

En realidad, la verdadera grieta, si es que existe, nació entre el kirchnerismo y el anti kirchnerismo, independientemente de Macri. Tal vez como resabio de la vieja antinomia peronismo/antiperonismo que, para cuando llegaron los Kirchner, parecía superada.

Es más, si lo miramos fríamente podríamos decir que acá nunca hubo ninguna grieta. Sólo hubo un grupo de dirigentes que entre 2003 y 2015 intentó, desde el Estado Nacional, llevarse puesta la República. Y un montón de ciudadanos dispersos que se la bancaron como pudieron. Como consecuencia de eso, años después, ganó Macri.

Durante el kirchnerismo, de un lado estaba el control absoluto del Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, la Policía, las Fuerzas Armadas, la SIDE, la AFIP, la Aduana, los medios públicos y todos los recursos económicos del Estado Nacional. Del otro lado estaba Nico Wiñazki. Yo a eso no lo llamaría grieta y mucho menos “dos bandos”.

De hecho, parece mentira que todavía haya que estar explicando que cuando uno de los dos bandos es el Estado, no hay dos bandos. Eso ya lo aprendimos hace mucho tiempo con el terrorismo de Estado. Cierro este párrafo con un pequeño detallecito: así y todo les ganó Wiñazki.

De modo que, puestos a pensar en el estado de nervios con el que vivimos, podríamos empezar a dejar de lado la falsa antinomia macrismo/kirchnerismo y ver si escapamos hacia adelante.

Aquella división entre los que usaban el Estado Nacional para llevarse el país por delante y los que estaban en el llano bancándosela, se ha transformado en una grieta mucho más clara y simple entre los que apoyan a Maduro y los que defienden valores democráticos y republicanos. Eso sí, puestos a elegir entre veranear en Miami o en Caracas estamos todos del mismo lado. Son bolivarianos pero no boludos.

Precisando más la idea, podemos decir que de un lado están los PRO, los radicales, los de la Coalición Cívica, los peronistas de siglo XXI, los renovadores, los socialistas, los del GEN y muchos más que debaten por un país más democrático y republicano. Del otro lado, sólo quedan Cristina con Parrilli y sus astutos.

Esto acota el problema y debería ayudarnos a bajar la intensidad del conflicto. Si no fuera por el dólar, no sería tan difícil. De eso hablaremos otro día.

¿¿Y vos gato??!!! ¿Siamo nervosi?? Hasta la nota con Majul, te banco el personaje enérgico. Pero lo del CCK ya fue mucho. No es necesario. Para presidente loco que nos grita hay una que lo hace mucho mejor. Vamos, calma macho. Falta menos.

Y usted amigo lector, gracias por estar ahí. Acá seguiremos atados al palo mayor, tratando de que toda esta muchachada la entienda de una buena vez.