Opinión
Publicado: 12 de mayo de 2019
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@diarionecochea


Los sorprendentes silencios de Cristina Kirchner en la Feria del Libro


Habló treinta y cinco minutos. En ese recuento de un discurso hablado no dijo dos palabras: “corrupción”, ni tampoco “inflación”. No es que tenga problemas ortográficos ni gramaticales. Fueron excepciones no producidas por azar. El jueves pasado, la ex presidenta de la Nación durante dos períodos, esposa de su antecesor en ese cargo, actual senadora nacional, Cristina Fernández empezó la presentación de su libro “Sinceramente” afirmando que esta vez, fundacional en su carrera, expondría ante el público y los medios como autora de una obra literaria. Un best seller. Político y escritor son oficios indivisibles. Lo más singular de la reaparición pública Fernández es que evitó contar buena parte del contenido de su ópera prima. En el libro usa varios capítulos para sentar su posición defensiva sobre un tema crucial para una figura de su talla: las acusaciones de corrupción en su contra. Son causas judiciales severas, en las que se la vincula, en general, a la utilización de sus cargos públicos para generar una recaudación ilegal de dinero del Estado que agrandó su fortuna.

La ex presidenta tampoco hizo mención a ninguno de los presos que fueron ex funcionarios de sus dos Gobiernos.

Según pudo saber Clarín de fuentes penitenciarias, muchos de ellos esperaban alguno gesto en ese sentido.

En un país con buena parte de la clase dirigente que no acostumbra a cumplir con las reglas de la institucionalidad más básicas, esos silencios de la ex presidenta y senadora sobre los más graves casos graves no llamaron la atención. La Argentina es un país anestesiado sobre las nociones básicas democráticas.

Cristina habló en la Feria del Libro y ése fue un hecho político en sí mismo. Ocurre que se suele trabajar en el silencio. De algún modo, el jueves pasado, lo siguió haciendo. Habló, y a la vez no habló.

La actual senadora y probable precandidata a presidenta está procesada en once causas judiciales que se tramitan en juzgados federales. Y la esperan tres juicios orales por delitos de corrupción. El primero de ellos debería empezar el 21 de mayo.

Se la acusa de haber usado sus influencias como Presidenta para beneficiar con contratos de obra pública por 46 mil millones de pesos a su amigo y socio, Lázaro Báez. Hoy él está detenido con prisión preventiva en un caso de lavado de dinero.

En “Sinceramente”, Fernández intenta defenderlo por primera vez en público a Báez. Su versión es que fue un emprendedor solitario que consiguió su fortuna, calculada solo en bienes muebles e inmuebles en 250 millones de dólares, gracias a su pujanza personal. Lázaro dejó asentado en su contrato que sus hijos solo podrán gozar de ese patrimonio después de que pasen treinta años de la vida de su padre. Para varios denunciantes de Báez, no existe prueba más contundente que demuestre que fue testaferro de Néstor Kirchner. Cristina lo niega en su libro.

Aunque incluso desmiente en “Sinceramente” que Báez fue su “socio”, eso consta en decenas de contratos firmados entre la familia del empresario y la familia K.

La ex presidenta se pregunta, generalizando y sin dar ningún dato científico ni jurídico al respecto: “¿Por qué los anti peronistas siempre piensan que los únicos que pueden tener plata son ellos?”.

Báez fue quien también le alquiló a muy buen precio los hoteles que Kirchner y ella compraron o construyeron con pasión repentina por ese negocio turístico. Por las ganancias que recibieron de Lázaro solo gracias a sus hoteles, ella debe afrontar otro juicio oral en su contra, el llamado caso “Hotesur”. Esta vez, en ese proceso están involucrados sus hijos, Máximo y Florencia. No habló de ellos en la Feria del Libro. Sí lo hace, y mucho, en “Sinceramente”.

Por supuesto, ella desmiente en su best seller que la renta de los negocios hoteleros haya sido una maniobra para “lavar” dinero de origen ilegal. Afirma que lo recibido por esos pagos equivale a un monto menor, aunque se trate de millones de pesos.

Lo mismo dice de los alquileres que aumentaron su fortuna gracias a la intermediación de una inmobiliaria propiedad de su familia, “Los Sauces”, que tuvo dos clientes muy generosos a quienes les otorgaban contratos estatales: el ya mencionado Lázaro y el líder del antes pujante Grupo Indalo, Cristóbal López. Éste último también está preso, pero en una causa en la que se lo acusa de haber eludido el pago de impuestos por una cifra multimillonaria.

Cristina habla de Cristóbal en “Sinceramente, pero no lo hizo en la Feria del Libro. Tampoco aludió a la causa que más la inquieta. El expediente conocido como “Cuadernos de las Coimas”. En su libro describe al juez que instruye esa investigación, Claudio Bonadio, como “sicario”. Y al fiscal, Carlos Stornelli, como “extorsionador”.

Asegura que los cuadernos del remisero Oscar Centeno nunca existieron. Que el caso es una fábula y que los “arrepentidos” fueron presionados por las autoridades judiciales para declarar en su contra. No aporta ninguna prueba al respecto.

En su reaparición pública no dijo nada sobre esas gravísimas acusaciones. Entre los imputados colaboradores, por ejemplo, se encuentra su ex contador, Alejandro Manzanares, que no pidió quedar en libertad para colaborar con la Justicia. Sigue preso pero aportó una cantidad de pruebas lapidaria en contra de su ex jefa.

Como ya se dijo, Cristina evitó hablar en la Feria del Libro de sus ex funcionarios presos por diferentes delitos, desde el enriquecido Ricardo Jaime al ex jefe del Ejército, César Milani, en juicio oral acusado de un crimen de lesa humanidad. La autora de “Sinceramente” calló sobre esos temas.

Lo hizo mientras proponía, al mismo tiempo, que toda la clase dirigencial argentina, desde la política a la empresarial o sindical, acepten cumplir con un nueva “contrato social” que incluya “derechos” para quienes los suscriban. Y, también, “obligaciones”.

La autora de “Sinceramente” explicó, eso sí, que no creía en las “sociedades maravillosas y perfectas” que generan “malos dirigentes”. Y agregó: “Hay un poco de reflejo”. “Tendremos que acordar cómo vamos a vivir y en qué condiciones, antes de que sea demasiado tarde; porque así no va más”. Es la última frase de su libro. ¿Sinceramente?