Quién es Alberto Fernández, el nuevo presidente electo en la Argentina

El camino de Alberto Fernández hacia el la presidencia argentina comenzó en el segundo piso de un bar de Buenos Aires. Era febrero del año pasado, hacia fines del verano, cuando el profesor de derecho y ex jefe de gabinete presidencial convocó a miembros de su equipo de expertos recientemente formado, el Grupo Callao, para evaluar las opciones políticas.

El comienzo de 2018 era un momento desfavorable para siquiera pensar en desafiar al mandatario en ejercicio: el presidente Mauricio Macri disfrutaba de una reciente victoria en las elecciones legislativas, mientras se preparaba para convertirse en el centro de atención internacional como anfitrión de la reunión anual del Grupo de los 20.

Con una picada de por medio, Fernández esbozó una estrategia junto a su equipo, sentados en una larga mesa en el apartado nivel superior del bar. Su plan era reunificar el peronismo, que se había dividido en los últimos años. La consolidación de la fuerza significó reconciliarse con Cristina Fernández de Kirchner, la ex presidenta.

Apenas un año y medio después, Fernández derrotó a Macri en las elecciones primarias y ayer volvió a imponerse también en las generales, proclamándose presidente sin necesidad de balotaje. La posible clave de ese éxito -y la fuente del mayor dilema potencial de Alberto Fernández- es la inclusión de Kirchner en la boleta como su vicepresidenta, no como su jefa.

El detalle es que esa relación, que mantiene un fuerte lazo de amistad, tuvo sus diferencias que los distanció casi una década. Sin embargo, eso no parece haber sido un impedimento para volver a estar cerca políticamente y mucho menos integrar la fórmula presidencial, porque, como dijo CFK, Fernández tiene capacidad de “decidir, organizar, acordar y buscar siempre la mayor amplitud posible del gobierno”.

Esa, tal vez, sea la mejor descripción, la más concreta y sintética de quién es Alberto Fernández. Un hombre que se mostró siempre conciliador, dialoguista, que lejos está de ser un sinónimo de debilidad.

Él se reconoce como un militante y, sobre todo, un ferviente seguidor de Néstor Kirchner. En el libro Políticamente incorrecto, que Alberto Fernández escribió en 2011, aseguró que Kirchner no sólo era su amigo sino su jefe político.

El ahora presidente electo conoció a Kirchner en 1996 por iniciativa de Eduardo Valdés, quien le insistía en que se reuniera con el entonces gobernador de Santa Cruz, que ya se había distanciado de la presidencia de Carlos Menem por considerar que había abandonado la lógica que Perón le había dado al movimiento nacional y popular.

Este vínculo se profundizó cuando Eduardo Duhalde comenzó a trabajar en una candidatura presidencial que sería derrotada por Fernando de la Rúa. Fernández integró el equipo de campaña del bonaerense y junto a Néstor Kirchner, organizaron en octubre de 1998 lo que luego se conocerá como el Grupo Calafate, o lo que es lo mismo, el protokirchnerismo. A partir de allí, la relación de Fernández con Néstor y Cristina se profundizó y se extendió en el tiempo.

De alguna manera se puede afirmar que Alberto Fernández fue el más “nestorista” de todos aquellos que participaron de los gobiernos de los Kirchner. Fue uno de los pocos que se animó a disentir con CFK, hasta de retirarse del gobierno por las diferencias que tuvo con la entonces presidenta. En ese contexto, emigró hacia el llano y poco después se acercó a Sergio Massa, a quien acompañó durante su intento por ser el líder de “la ancha avenida del medio”.

Pero no se convirtió en un massista, lo que le permitió salirse de ese espacio para intentar reunificar el peronismo porteño. La ruptura con Massa no implicó un quiebre en la relación con el hombre fuerte del Frente Renovador.

Alberto Fernández sorprendió cuando se acercó a Florencio Randazzo en 2017, cuando el ex ministro buscó convertirse en un referente del peronismo que se ubicaba en la vereda de enfrente a CFK. La tozudez de Randazzo impidió una posible unificación pero, sorpresivamente, abrió una puerta para que comenzara de a poco la reconstitución de la relación con Cristina.

Hay una característica que tiene Fernández y es que nunca rompe los vasos comunicantes. Nunca destruye puentes y hay varios ejemplos. Su cercanía con los Kirchner no significó que la relación con Duhalde se fracturara para siempre. Tampoco sucedió con Néstor Kirchner, y uno de los nexos fue Máximo Kirchner, quien también sirvió de canal de comunicación con Cristina. Tampoco se peleó con Massa, quien al enterarse de la candidatura de Fernández dio muestras de respeto pero sobre todo de cercanía.

Abogado de profesión y docente en la cátedra de Derecho Penal y Procesal Penal de la UBA, cumplió 60 años el pasado 2 de abril y su primer cargo político fue en los 90, cuando lo nombraron superintendente de Seguros de la Nación. Fue vicepresidente ejecutivo del Grupo Banco Provincia durante el gobierno de Eduardo Duhalde. Entre el 2000 y 2003 fue legislador porteño, y renunció para transformarse en el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003.
Los opositores de Macri anhelaban la llegada de un gobierno Alberto Fernández-Cristina Kirchner. Sin embargo, la pregunta sigue siendo qué camino tomará Fernández a partir de diciembre, y cuál será el papel de la ex presidenta en sus decisiones.

Una señal de la dirección que tomará el mandatario electo la ofrece el Grupo Callao, denominado así por la avenida Callao, la arteria de la capital que pasa por el Congreso y por la oficina personal de Fernández. Sus miembros originales emergen como sus principales asesores. Entre ellos se encuentra su jefe de campaña, Santiago Cafiero, cuyo abuelo se desempeñó como ministro de Comercio Exterior de Juan Domingo Perón y cuyo padre fue embajador en el Vaticano durante los gobiernos de Cristina Kirchner. Santiago reclutó a Matías Kulfas y Cecilia Todesca, dos ex funcionarios del Banco Central, que encabezaron durante la campaña el equipo económico de Alberto Fernández.

Pero aquella reconciliación con Cristina Kirchner fue clave. Y alcanzó su momento cúspide en una fría noche de mayo en Buenos Aires, cuando miles de personas se reunieron bajo la lluvia para escuchar a Cristina hablar públicamente por primera vez en varios meses. Presentaba su libro Sinceramente y Alberto se sentó en primera fila.

CFK agradeció a Fernández por haberle dado la idea de escribir el libro. Al hacerlo, estaba levantando el telón de su campaña conjunta.

 

Nombre: Alberto Ángel Fernández.
Nacimiento: 2 de abril de 1959 (60 años).
Nacionalidad: Argentina.
Padres: Carlos Galíndez.(adoptivo) y Celia Pérez.
Cónyuge: Marcela Luchetti (1993-2015).
Pareja: Fabiola Yáñez.
Hijos: Estanislao Fernández.
Educación: Universidad de Buenos Aires.
Ocupación: Político, abogado y profesor.
Partidos políticos: Nacionalista Constitucional (1982-1983).
Justicialista (desde 1983),

Sus comienzos en la política

Alberto Fernández empezó a militar políticamente mientras estudiaba la carrera de Derecho y se afilió al Partido Justicialista en el año 1983, con el regreso de la democracia.
Su primer cargo público fue en la Justicia, como juez suplente. Desde entonces se desempeñó como funcionario y asesor jurídico de varias dependencias del Estado.
También tiene una larga trayectoria como docente. De hecho, aún hoy se desempeña como profesor de Derecho Penal en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
A pesar de sus muchas décadas de experiencia en el mundo de la política, los de este año fueron apenas los segundos comicios que enfrentó en su vida.
Antes de las elecciones de este año, la única vez que se sometió al voto popular fue en 1999, cuando obtuvo un escaño como legislador de Buenos Aires. Pero no fue con el kirchnerismo.
Antes de ser parte de esa nueva fuerza, integró la Alianza Encuentro por la Ciudad, liderada por Domingo Cavallo, el ex ministro de Economía de Menem, considerado el autor intelectual de la convertibilidad.

Primera etapa en el kirchnerismo

A pesar de que Néstor Kirchner contaba con un respaldo electoral de menos del 23% -que sacó en la primera vuelta- y que el país salía de la peor crisis económica de su historia, esa primera etapa del kirchnerismo se caracterizó por sus éxitos económicos.
Ayudado por el récord de los precios de las materias primeras y el boom de la soja, Argentina repuntó e incluso logró lo que muchos consideran una de las mayores hazañas económicas: los llamados superávit gemelos, es decir, balances positivos en las cuentas fiscales y de comercio exterior.
Alberto Fernández resaltó durante su campaña que “en el 2003 este era un país destruido y claudicante. Cuando veo este presente, que se parece tanto al país que recibimos en el 2003, no le tengo miedo porque volveremos a hacer lo queya hicimos”.
Sin embargo, sus críticos le adjudican responsabilidad en algunas de las decisiones más controvertidas del primer período kirchnerista. Por ejemplo, la intervención del organismo que mide la inflación, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, que a partir de 2007 empezó a publicar cifras cuestionadas.

Renuncia y críticas

Tras el fallecimiento de Néstor Kirchner, siguió como jefe de Gabinete cuando Cristina Fernández, ganó las elecciones en el año 2007.
En 2008 renunció en medio de un duro conflicto con el sector agropecuario por un paquete de impuestos al campo. En ese momento, Alberto se alejó del kirchnerismo y fundó su propio partido político, Parte.
En 2013 se sumó al Frente Renovador, liderado por Sergio Massa, el político que lo reemplazó cuando dejó el cargo como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner.
Desde que abandonó el gobierno de Cristina, Alberto se convirtió en un crítico del kirchnerismo, aunque es considerado un moderado dentro del peronismo.

Reconciliación y candidatura

En el momento del anuncio de la fórmula presidencial en mayo, una fuente de Unidad Ciudadana, el partido creado por la ex mandataria, dijo que Alberto Fernández iba a lograr atraer el apoyo de los gobernadores peronistas que se sentían más alejados de Cristina Kirchner.
El miércoles 7 de agosto, antes de las Paso, Alberto Fernández firmó un acuerdo de compromiso con gobernadores y candidatos de 19 provincias (de las 24 del país) para sumar apoyos y diseñar una agenda de desarrollo federal.
“Les he dicho a todos que la Argentina que se viene va a ser gobernada con 24 gobernadores y un presidente. Y entre todos vamos a dar vuelta la Argentina”, dijo en un acto en la ciudad de Rosario. “No aspiro a ser un gran presidente, aspiro a ser un presidente de una gran Argentina”, agregó.

 

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