Pucho tirado, pucho que sirve: juntan colillas para costruir placas aislantes

El proyecto se llama “Cigadrillo” y lo llevan adelante 4 estudiantes de arquitectura. Utilizan el residuo de colillas de cigarillos, basicamente la celulosa, lo procesan y prensan para crear placa de aislacion termo acusticas y de acabado melaminico.

Una novedosa idea que genera valor social, economico y medio ambiental.

Dos bloques macizos, uno blanco y otro marrón, ambos con motivos rectangulares en ellos, están sobre la mesa rodeados de frascos con colillas de cigarrillos. “Uno responde a la placa termoacústica como aislante en sí, que se puede poner entre los muros; el otro busca un acabado más melamínico, como para que pueda quedar a la vista”, explican los integrantes de “Cigadrillo”, un emprendimiento que nació a partir de la idea de cuatro estudiantes de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño (Fapyd) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quienes desarrollaron, entre la inquietud y la preocupación por el medio ambiente, un elemento innovador en el rubro de la construcción: convierten colillas de cigarrillos en placas termoacústicas.

En 2012, Luján Fischer (29) conoció a Antonio Ramírez (27) en la facultad, y luego, en la misma Fapyd, se sumaron Luciano Carrizo (27) y Rodrigo Barbuscia (25). Los cuatro son los hacedores de “Cigadrillo”, un emprendimiento que tiene como ejes la construcción y el cuidado del medio ambiente.

“Primero nos vinculamos en la facultad, pero después nos motivó compartir los intereses por el diseño y la construcción, emprender en ese rubro; por otro lado, nuestro interés por el medio ambiente y hacer algo por él. Así concluimos en que es la materia pendiente para las ciudades”, planteó Luján, que es oriunda de Hughes.

A eso, Antonio, quien llegó desde Formosa a estudiar a la UNR, sumó: “Ahí entró en juego la preocupación medioambiental que tenemos, nuestra inquietud por no conformarnos con la formación académica. Somos estudiantes estudiosos inquietos”.

El proyecto surgió a partir del estudio profesional que conformaron los cuatro en 2017. Además de estudiar arquitectura, Luján es diseñadora de interiores, mientras que Antonio y Rodrigo (rosarino) concluyeron la secundaria en escuelas técnicas con el título de maestro mayor de obras. “En esta inquietud, no nos conformamos con la formación académica sino que queríamos más. Por eso, por nuestra propia iniciativa, tomamos este camino para emprender”, dijeron.

Antonio remarcó, sobre todo, que “este residuo está muy naturalizado” y que no hay una conciencia real sobre esto: “Si lo ponemos en comparación con otros materiales u otros residuos, la colilla ocupa el primer lugar en cuanto a contaminantes en las ciudades”.

Entre todos desarrollaron un relevamiento que arrojó resultados preocupantes: “Hicimos un trabajo de campo en la ciudad, y en los barrios nos encontramos con hasta tres colillas por metro cuadrado, en la zona del centro con 18 colillas por metro cuadrado y en el sector de la costa central, llegamos a ver hasta 72 colillas por metro cuadrado”.

“Viendo esta huella ambiental que deja este contaminante, que para la mayoría pasa desapercibido, nos pareció que había que trabajarlo, con sus posibilidades y potencialidades, por ser aislante acústico y térmico. Y dimos con la solución justa”, agregó Antonio.

Para sumar al concepto, Luciano (proveniente de Corral de Bustos) comentó que la idea es concientizar a las personas “para que sepan que esto, después, llega al río. Porque cuando llueve, las toxinas se diluyen en agua, llegan al río y contaminan”.

Si bien las colillas de cigarrillos se reutilizan en otras partes del mundo para diversos fines, las placas aislantes termoacústicas que crearon los estudiantes de la UNR son únicas y no hay un precedente sobre esta innovación con este material específicamente: “Viene a competir, directamente, con los poliestirenos expandidos y lanas de vidrios por ser un aislante térmico y acústico. Puede ir en medio del armado de una pared de construcción seca o en las cubiertas”.

A grandes rasgos, el desarrollo de cada placa se inicia con la limpieza de la colilla, que luego se “desmenuza” para convertirla en una “materia fibrosa”. Por último, se complementa con “aditivos” para comprimirlos.

Y si bien los estudiantes ya innovaron con estas placas, también quieren encontrarle una utilidad al líquido que queda luego del proceso para lograr el “cierre de ciclo”: “Estamos trabajando con una ingeniera química que nos asesora. Nuestros residuos no pueden volver a contaminar”.

Por el momento, las variantes son convertirlo en antioxidante o hacerlo recircular en el proceso. Sin embargo, son conscientes de que las posibilidades que se le puedan encontrar al líquido residual no son resultado de “ir probando a ojos cerrados: como sabemos de qué se compone el agua, vamos apuntando a diferentes fines”, explicó Antonio. Mientras, Luján aclaró: “De momento, venimos envasando el líquido. No se decanta porque volvería a contaminar y es ilegal”.

Triple impacto

Realizar las placas termoacústicas lleva tiempo e inversión. “Cigadrillo” fue uno de los proyectos seleccionados por el programa provincial Ingenia, uno de los tantos certámenes a los que se presentaron.

“En el sector de la costa central llegamos a ver hasta 72 colillas de cigarrillo por metro cuadrado”

El contenedor de colillas que ya está en Ciencias Económicas.

“Participamos de muchísimas convocatorias. Desde 2017 hacemos investigaciones de manera autónoma y aplicamos, también, al programa Innovar (Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación) y al UNR Emprende”, entre otros, describió Antonio.

La importancia de “Cigadrillo” “es de triple impacto: económico, social y ambiental”. Justamente, para puntualizar en el último término, los chicos del proyecto explicaron: “Al ser la colilla un residuo de dimensiones tan pequeñas, quizás no se percibe tanto como otros. Pero es el que mayor impacto tiene en el medio ambiente”.

“Que la gente entienda la importancia de esto y que quiera implicarse y tomar partido, es para felicitar. Todo lo que tiene que ver con el movimiento ecológico, por suerte, está en auge y llegando al interés de más personas”, concluyeron.

De golpe

El proyecto de “Cigadrillo” va más allá de lo conseguido este año. Sin embargo, el último Basuratón (que celebró su primera edición en la ciudad el 4 de agosto) acercó a los estudiantes a un público más amplio que conoció, de primera mano, la iniciativa.

“Veníamos trabajando con discreción y, de repente, todo creció. Esto ya era conocido, pero nosotros no teníamos una dimensión de qué tan conocido era. El Basuratón fue un antes y un después para nosotros”, consideró Luján, quien también afirmó que la predisposición de las personas para dar una mano para descontaminar y recolectar las colillas les puso “la piel de gallina”.

Es que a los estudiantes los contactaron de otras localidades y hasta de otras provincias para conocer la manera de ayudarlos a recolectar más material y, de paso, descontaminar el ambiente de colillas usadas.

“Necesitamos gestionar lo que sería el envío, tal vez con las municipalidades de otras localidades. Es algo que, todavía, estamos organizando para dar una respuesta a esa logística”, detallaron sin descartar la posibilidad de, a futuro, recibir residuos desde otros puntos de la provincia o el país para que el plan crezca y se pueda ayudar a descontaminar de manera expansiva.

En principio, la idea de los hacedores de “Cigadrillo” es replicar el uso de los contenedores (ver aparte) que largaron el viernes, a partir de una donación, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNR.

“Nosotros donamos el contenedor porque somos hijos de la UNR y, en su espacio, es donde nos conocimos los cuatro. Es una manera de devolverle algo a la universidad, por todo lo que nos ha brindado la educación pública”, manifestó Luján.

Si bien todavía no comercializan el producto por estar en etapa de exámenes de laboratorio, las expectativas de los estudiantes son grandes: “No sólo a nivel de producción, sino también por impacto social. Lo que nos llenó el corazón es cómo lo recibió la gente, tuvimos una muy linda devolución y un montón de movimientos sociales y ambientales se sumaron a acompañarnos”.

fuente La capital 

 

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