Siete de cada 10 estudiantes de Medicina son mujeres, pero aún hay un “techo de cristal” para acceder a los puestos jerárquicos

Se da en la UBA y también en las universidades privadas. La tendencia se sostiene en los egresos. Cirugía, la única donde los varones son mayoría.

“¿Fuiste al médico?” o “Mejor que te vea un doctor”, son frases que aún forman parte de nuestro hablar cotidiano. Sin embargo, los números en las facultades de Medicina​ demuestran que lo más probable es que si vamos a una guardia o solicitamos la consulta de un especialista, cada día hay más chances de que nos atienda una médica. Aunque nuestro lenguaje habitual todavía no lo haya advertido.

La llamada “feminización” de la Medicina tiene sus inicios en la década del 90, cuando se registró una paridad en los estudiantes de esta carrera. Desde entonces el número de presencia de mujeres en las aulas fue lenta pero constantemente en aumento. La novedad es que hoy la cifra ya alcanza al 70% en Medicina Clínica –el mayor porcentaje del que se tenga registro- y lo supera en casi todas las restantes carreras relacionadas.

En datos duros: entre el primer y segundo cuatrimestre de 2019, ingresaron al Ciclo Básico Común de la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires​ 8.827 mujeres (70,9%) y 3.610 varones (29,1%).

La tendencia se mantiene hasta el final de la carrera de Medicina. Según datos de la UBA, el 68,2% de los egresos de 2018 fueron de mujeres.

Las carreras afines muestran números aún mayores, por ejemplo, Nutrición tiene un 76% de ingreso de alumnado femenino, la Tecnicatura en Prácticas Cardiológicas, 82%; y la Tecnicatura en Hemoterapia e Inmunología, 91%.

Una proporción similar se da también en la enseñanza privada. La Universidad del Salvador exhibe un registro 2019 de 67% mujeres y 33% de varones en Medicina General, y números mucho más altos en las llamadas “Disciplinas de la Salud” como Musicoterapia, Nutrición y Fonoaudiología, con un 70%, 90% y 97% de presencia femenina respectivamente.

Agustina Pampín, Giuliana Di Pietro, Azul Gencarelli y Florencia Grando. (Foto: Lucía Merle)

Incluso en las etapas de posgrado, es decir, de residencia médica con un servicio intensivo, la proporción de mayoría femenina se mantiene, según confirma el doctor Patricio Jacobella, director de Docencia e Investigación del Hospital de Clínicas. “Antes, la residencia en Cirugía tenía mayoría masculina; hoy, excepto en Cirugía General, hay más mujeres que hombres, así como en las especialidades clínicas. Además, en todas ellas se observa un muy buen nivel asistencial y educativo”.

¿Por qué cada vez más mujeres y menos hombres en Medicina? Una respuesta sobre la que hay consenso generalizado es que se trata de una tendencia mundial, a la que no escapa nuestro país. En Europa, el 75% de la matrícula es femenino mientras que en México y Estados Unidos supera el 50% y en Canadá se encuentra por encima del 60%.

“El avance de la mujer en las carreras universitarias se da en todas la profesiones. Antes se decía que la mujer se volcaba a la Medicina porque surgía de ella un sentimiento de cuidado al otro pero este concepto hoy queda antiguo. En todo caso, que haya menos varones depende más bien de una cuestión económica ya que hay otras profesiones más redituables”, asegura la doctora Kumiko Eiguchi, representante de Argentina ante la Asociación Internacional de Mujeres Médicas (MWIA) y consultora de la carrera de Medicina en la Universidad del Salvador.

Agrega que una diferencia de género que existe en relación al ejercicio de la profesión tiene que ver con que los hombres suelen elegir el pluri-empleo mientras que las mujeres médicas prefieren puestos más estables, priorizando la relación con pacientes y colegas por sobre los ingresos.

“Las estudiantes de grado y posgrado no sienten discriminación ni ningún tipo de diferencia con sus compañeros varones”, analiza Eiguchi, “pero el techo de cristal existe en Medicina como en el ejercicio de todas las demás carreras, por un lado con menos salarios (en el ámbito privado) y por otro, con una marcada discriminación en el ejercicio del liderazgo”.

En el último informe sobre feminización y brechas laborales en la Salud, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se destacó que tanto en la Secretaría de Salud de la Nación como en los ministerios provinciales, “las mujeres también son minoría en los cargos de mayor responsabilidad. Incluso entre las universidades, las principales carreras de Medicina están lideradas en su gran mayoría por varones. Las asociaciones médicas y los gremios presentan un patrón similar, con una baja participación generalizada de mujeres”.

“Los datos de la provincia de Buenos Aires son elocuentes: las mujeres solo ocupan el 25% de las direcciones ejecutivas en las instituciones hospitalarias. Es decir, menos de 3 de cada 10 cargos”, destaca.

Liliana Licciardi, presidenta de la Sociedad Argentina de Mujeres Médicas, afirma que “la Medicina fue históricamente una profesión organizada por hombres y su ejercicio aún está determinado así. La mujer está ocupando espacios, pero siempre en función de lo que esa antigua estructura permite. El problema no es sólo llegar a un lugar de decisión sino el grado de libertad con el que luego una mujer puede ejercer su puesto”.

“En todas las actividades clínicas, el 80 por ciento de los puestos están hoy ocupados por mujeres. Dentro de la Medicina, son los lugares menos remunerados“, destacó.

Hector Garin, secretario general de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP), destacó que hoy existe una mayor concientización, pero advirtió que hay más dificultades en el sector privado “porque no hay concursos, sino empresarios que deciden quién ocupa un puesto gerencial”.

“Entiendo que las profesionales se encuentren ante un techo de cristal, cuando el único techo que debería existir es el de la capacidad, el desempeño y la posibilidad de gestión. Hoy por hoy, los presidentes de las asociaciones científicas son hombres. Pero ineludiblemente, y por los datos que indican la proporción de egresadas de la carrera, en breve esos lugares serán ocupados por mujeres. El cambio es muy lento, como todo cambio social, y es cierto que sería bueno que se acelere. Pero considero que es sólo cuestión de tiempo”, agregó.

Un largo camino

En cuanto a la elección de la carrera, el dato histórico es que las primeras egresadas universitarias argentinas fueron médicas. Pero debieron pasar más de 70 años desde la creación de la Universidad de Buenos Aires para que en 1889 obtuviera su doctorado en Medicina Cecilia Grierson, primera universitaria y primera médica argentina.

Luego siguieron otras como Elvira Rawson, Julieta Lanteri y Alicia Moreau de Justo, quienes no sólo fueron las primeras médicas del siglo XX sino también feministas, porque le dieron a su forma de ejercer la profesión una mirada igualitaria y siempre en defensa de los derechos de la mujer. Si bien sus intentos para acceder a la docencia universitaria o a la investigación -ámbitos profesionales negados por aquel entonces a la presencia femenina- no lograron su objetivo, las tesis de finalización de carrera que eligieron demuestran que sentían una clara preocupación por el conocimiento del cuerpo femenino, propio y a la vez bastante desconocido desde los manuales de la época.

“No hay ninguna diferencia de género, casi que ni siquiera percibimos que somos más mujeres en las aulas porque nos sentimos iguales, incluso para elegir especialidad”, comenta Camila Fernández, estudiante de primer año, en el hall de la Facultad de Medicina de la UBA; casi en espejo con aquella situación de comienzos del 1900.

De hecho, hoy se percibe un cambio en las especialidades. Cardiología, Cirugía y Neurología eran ámbitos en los que casi no había estudiantes mujeres, pero esta diferenciación también va siendo parte del pasado. “Yo tengo pensado seguir pediatría”, comenta Félix Miranda, alumno de segundo año de la carrera, a sabiendas de que esta especialidad ha sido históricamente territorio mayoritariamente femenino.

Fuente: Clarín

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